tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Vuelco de paso al abismo, solo un paneo, una fugaz vista panorámica de la vida. Soplo infrecuente que alguna vez contribuirá en la duda axial, el centro de la corteza de las sombras; auditando cada rasgo detonante de aflicción.
Sin poder volver a mí, en tal caso, con ganancias y pesares, y con el andar tibio, que va arreando la sangre a los lugares más recónditos de éste, mi cuerpo.
La llave esta cerca, detrás de la puerta gira la gran presa, acechando mixturas. Me veo en el reflejo de frente, despejando perplejidades obsoletas, abstraído hacia el placer de las preguntas, corro una vez más sobre el viento.
Siento trémulo el crispar de mis latidos, como vidrios estallados, disparados mis costados triviales.
No importa si la magia liquida pernocta invisible hacia la impronta.
Jubiloso embrujo de la percepción inminente, sembradío de penas en las calmas.
Cobija de mis ansiedades.
Alma de anuro, que corre fiel entre los mundos, flotando en la niebla, andando las aguas, legado de la orilla, animando al anfibio terco, a vivir y a buscar alimento en el granero.
No hay desenlace ni sitios.
No hay oponentes, ni jugadores.
No hay cuerpos, ni sombras.
No hay piso, ni techo.
Solo hay kilómetros de abismo, aquí en mi pecho.
Voy preso de mi mismo, de mi serpigo abismado.
Ulcerados los caminos, en los tiempos de los tiempos.
Sin poder volver a mí, en tal caso, con ganancias y pesares, y con el andar tibio, que va arreando la sangre a los lugares más recónditos de éste, mi cuerpo.
La llave esta cerca, detrás de la puerta gira la gran presa, acechando mixturas. Me veo en el reflejo de frente, despejando perplejidades obsoletas, abstraído hacia el placer de las preguntas, corro una vez más sobre el viento.
Siento trémulo el crispar de mis latidos, como vidrios estallados, disparados mis costados triviales.
No importa si la magia liquida pernocta invisible hacia la impronta.
Jubiloso embrujo de la percepción inminente, sembradío de penas en las calmas.
Cobija de mis ansiedades.
Alma de anuro, que corre fiel entre los mundos, flotando en la niebla, andando las aguas, legado de la orilla, animando al anfibio terco, a vivir y a buscar alimento en el granero.
No hay desenlace ni sitios.
No hay oponentes, ni jugadores.
No hay cuerpos, ni sombras.
No hay piso, ni techo.
Solo hay kilómetros de abismo, aquí en mi pecho.
Voy preso de mi mismo, de mi serpigo abismado.
Ulcerados los caminos, en los tiempos de los tiempos.