infeliz?
Feliz
Elegía a Sabrina
El viento que azota mis ventanas
es la ausencia y el fuego enardecido,
que súbitamente criogeniza mis pupilas,
y después...
... Después rompo a llorar como un chiquillo,
sobre el lomo atigrado que agoniza,
que lacera mi piel fosilizada,
que me araña las entrañas en abismos.
La cálida luz de tu presencia
se me cierra en lo más fugaz de la caída,
y el horizonte es muerte en un planeta tenebroso.
En tu ventana hay cuatro piedrecitas,
que se agarran al rictus de tu alféizar,
hay figuras temblando en los cristales
y una lengua de hielo me delata.
Mi boca, mi voz, mis dedos,
también al borde del abismo,
en el abismo,
en el pasado, en el presente, en el futuro,
lejos de tu mirada.
En otro ángulo, tus ojos mueren,
la sal que te diluye
va a conservar, de paso, mis anhelos,
mis gemidos, mis promesas,
para encriptarte en ácidos y rosas,
en sarcófagos llenos de tu sangre,
negra y alcalina.
Una caricia hinchada de violetas
dejo sobre tu cuerpo.
Una fiebre de tactos y de insomnio
decapitará el mío.
Mil campanadas lentas como el tiempo
timpanizan de olvido mi locura
... y me entierran.
El viento que azota mis ventanas
es la ausencia y el fuego enardecido,
que súbitamente criogeniza mis pupilas,
y después...
... Después rompo a llorar como un chiquillo,
sobre el lomo atigrado que agoniza,
que lacera mi piel fosilizada,
que me araña las entrañas en abismos.
La cálida luz de tu presencia
se me cierra en lo más fugaz de la caída,
y el horizonte es muerte en un planeta tenebroso.
En tu ventana hay cuatro piedrecitas,
que se agarran al rictus de tu alféizar,
hay figuras temblando en los cristales
y una lengua de hielo me delata.
Mi boca, mi voz, mis dedos,
también al borde del abismo,
en el abismo,
en el pasado, en el presente, en el futuro,
lejos de tu mirada.
En otro ángulo, tus ojos mueren,
la sal que te diluye
va a conservar, de paso, mis anhelos,
mis gemidos, mis promesas,
para encriptarte en ácidos y rosas,
en sarcófagos llenos de tu sangre,
negra y alcalina.
Una caricia hinchada de violetas
dejo sobre tu cuerpo.
Una fiebre de tactos y de insomnio
decapitará el mío.
Mil campanadas lentas como el tiempo
timpanizan de olvido mi locura
... y me entierran.