Danmilcot
Poeta asiduo al portal
De pronto aquí estoy,
sin haberlo pedido,
con mi inocencia pura,
produciendo cambios físicos.
Vengo de viajar por una vía láctea de órganos.
Ya he logrado mi primera conquista
al penetrar la carcasa que lentamente me da forma.
Pero mamá, ¿honraras esta mi conquista?
No hablo con palabras,
sino con la carta leída que son muchos de mi especie,
que se han convertido en una serie lúgubre conjugada en los tiempos.
Hablo desde tu consciencia y tu razón;
desde tu corazón que con sus latidos le da ritmo a mi incipiente vida.
Mamá, en este pequeño mundo de mi cobijo me siento seguro;
eso es lo que dicta mi cándida ingenuidad…
…De pronto tengo miedo.
Miedo que estremece mi menudo ser.
¡Ay mamá, cómo duelen las heridas!
Inciso metal que me disgrega.
Me golpea la ciencia y tu consentimiento;
me mata la indolencia de gente sanguinaria.
Mamá, me has llevado a un cruento suplicio
y no a la luz del día.
Me has tornado infructuoso
habiendo sido vida desde que salté en tu vientre.
No alcanzaré a ver la diafanidad del alba,
ni los enrojecidos atardeceres.
Mamá, fuimos dos flores:
una plena y una que se gestaba;
una que quedó ajada y extirpada por la burda del aborto,
al que justificas con el descuido y la no planificación;
al que patrocinas con las leyes inmorales
que tu mundo sanciona.
Fui sentenciado por el capricho de tu vanidad.
Mi sufrimiento y el quebrantamiento de mis huesos;
todo mi llanto y dolor, escondidos a los ojos y oídos,
discurrieron en la misteriosa y repentina profundidad hasta mi pequeña alma
que desconcertada se disipó en mi cuerpo.
Aquí estoy mamá,
ya soy un abortivo.
Adiós, y perdona por ser tan inmerecido,
tan inoportuno.
Pronto pasaré a la esfera del olvido;
no seré extrañado ni me echarán de menos
porque mi existencia fue sólo un intento
pero tú, mamá, me recordaras al final…
...me recordaras al final…
…me recordaras al final…
sin haberlo pedido,
con mi inocencia pura,
produciendo cambios físicos.
Vengo de viajar por una vía láctea de órganos.
Ya he logrado mi primera conquista
al penetrar la carcasa que lentamente me da forma.
Pero mamá, ¿honraras esta mi conquista?
No hablo con palabras,
sino con la carta leída que son muchos de mi especie,
que se han convertido en una serie lúgubre conjugada en los tiempos.
Hablo desde tu consciencia y tu razón;
desde tu corazón que con sus latidos le da ritmo a mi incipiente vida.
Mamá, en este pequeño mundo de mi cobijo me siento seguro;
eso es lo que dicta mi cándida ingenuidad…
…De pronto tengo miedo.
Miedo que estremece mi menudo ser.
¡Ay mamá, cómo duelen las heridas!
Inciso metal que me disgrega.
Me golpea la ciencia y tu consentimiento;
me mata la indolencia de gente sanguinaria.
Mamá, me has llevado a un cruento suplicio
y no a la luz del día.
Me has tornado infructuoso
habiendo sido vida desde que salté en tu vientre.
No alcanzaré a ver la diafanidad del alba,
ni los enrojecidos atardeceres.
Mamá, fuimos dos flores:
una plena y una que se gestaba;
una que quedó ajada y extirpada por la burda del aborto,
al que justificas con el descuido y la no planificación;
al que patrocinas con las leyes inmorales
que tu mundo sanciona.
Fui sentenciado por el capricho de tu vanidad.
Mi sufrimiento y el quebrantamiento de mis huesos;
todo mi llanto y dolor, escondidos a los ojos y oídos,
discurrieron en la misteriosa y repentina profundidad hasta mi pequeña alma
que desconcertada se disipó en mi cuerpo.
Aquí estoy mamá,
ya soy un abortivo.
Adiós, y perdona por ser tan inmerecido,
tan inoportuno.
Pronto pasaré a la esfera del olvido;
no seré extrañado ni me echarán de menos
porque mi existencia fue sólo un intento
pero tú, mamá, me recordaras al final…
...me recordaras al final…
…me recordaras al final…
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