Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Abrazo lo perecedero de las sombras
lo que sé que en un instante dejará de serlo
aquello que ha aprendido
a arrastrarse con sigilo
entre hojas quebradizas
de un otoño ausente.
Abrazo los alfileres
que penden a las estrellas
de un firmamento repleto de la noche,
las que impiden que estas caigan
en un cristal sin corriente
en una montonera de luz desperdiciada
en un reflejo constante
de palabras sin sonidos.
Abrazo el roto que las hormigas
dejan al caer del árbol
el que provocan con su aguijón
las abejas en la rosa
el que deja el pétalo
en las manos del poeta
en aquella primavera
de agitada cintura.
Abrazo los colores de los labios
que volaron dejando atrás las puertas
que supieron con exactitudes migratorias
la hora en que los vientos eran más propicios.
Abrazo en consonancia
los últimos reductos
de las viejas ascuas
de los amores efímeros
que duran lo que duran
las luciérnagas nocturnas
que cuando dan la luz
al momento la apagan.