Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Abre tus ojos, mi niña,
y observa cada mañana
la luz hermosa
que nos ilumina.
Abre tus ojos, mi niña,
y disfruta los colores
que la creación ofrece
al interior de tu pupila.
Abre los ojos, mi niña,
y ve el movimiento
de todo lo que te rodea
y, a su vez, te mira.
Abre los ojos a la dulzura
de cada instante,
a la belleza del mundo
que dura y perdura.
Abre los ojos a las letras
que te enseño con amor
y descubre el tesoro
que en los libros penetras.
Abre los ojos a la bondad
que abraza al mundo,
aún a su pesar,
con afanes de verdad.
Abre tus ojos, mi niña,
al vivir honesto y sincero
y vive así, con esmero,
haciendo del amor tu rutina.
y observa cada mañana
la luz hermosa
que nos ilumina.
Abre tus ojos, mi niña,
y disfruta los colores
que la creación ofrece
al interior de tu pupila.
Abre los ojos, mi niña,
y ve el movimiento
de todo lo que te rodea
y, a su vez, te mira.
Abre los ojos a la dulzura
de cada instante,
a la belleza del mundo
que dura y perdura.
Abre los ojos a las letras
que te enseño con amor
y descubre el tesoro
que en los libros penetras.
Abre los ojos a la bondad
que abraza al mundo,
aún a su pesar,
con afanes de verdad.
Abre tus ojos, mi niña,
al vivir honesto y sincero
y vive así, con esmero,
haciendo del amor tu rutina.