Sira
Poeta fiel al portal
Abschied
Rebuscando entre los cajones
de mis recuerdos,
cayeron a mis pies sin quererlo
los jirones de tu
alma oscura y quebradiza.
Recogiendo los fragmentos
irisados de ese afecto
que nos profesamos,
no pude evitar que las lágrimas
resbalaran por mis mejillas.
Ardientes y gélidas,
cuartearon también mi propia alma.
Acuosas y resbaladizas,
anegaron con ríos de plata
la palidez espectral de esa piel
que tantas veces saboreaste;
la blancura nívea de mi piel,
que con tus dedos ágiles y nerviosos
tantas veces acariciaste.
Y te sigo añorando en la distancia
pertinaz y estúpidamente,
porque desde aquel desgraciado día
en el que el vínculo que nos unía
se rompió para siempre,
supe con claridad meridiana
que ya nunca jamás volverías.
Que lo pasado había pasado...
Y que estabas fuera del alcance
del cerco conciliador de mis brazos.
Si pudiéramos volver atrás,
no dudaría en volver a quererte;
no me arrepentiría ni de una sola
lágrima derramada o secreto vedado
susurrado al oído cálidamente.
Ni siquiera de las caricias furtivas e inocentes
que llevaban impreso el sello de la
mutua y agridulce veneración.
De lo único de lo que me arrepiento sinceramente
es de no haberte dicho jamás adiós.
Sira
Rebuscando entre los cajones
de mis recuerdos,
cayeron a mis pies sin quererlo
los jirones de tu
alma oscura y quebradiza.
Recogiendo los fragmentos
irisados de ese afecto
que nos profesamos,
no pude evitar que las lágrimas
resbalaran por mis mejillas.
Ardientes y gélidas,
cuartearon también mi propia alma.
Acuosas y resbaladizas,
anegaron con ríos de plata
la palidez espectral de esa piel
que tantas veces saboreaste;
la blancura nívea de mi piel,
que con tus dedos ágiles y nerviosos
tantas veces acariciaste.
Y te sigo añorando en la distancia
pertinaz y estúpidamente,
porque desde aquel desgraciado día
en el que el vínculo que nos unía
se rompió para siempre,
supe con claridad meridiana
que ya nunca jamás volverías.
Que lo pasado había pasado...
Y que estabas fuera del alcance
del cerco conciliador de mis brazos.
Si pudiéramos volver atrás,
no dudaría en volver a quererte;
no me arrepentiría ni de una sola
lágrima derramada o secreto vedado
susurrado al oído cálidamente.
Ni siquiera de las caricias furtivas e inocentes
que llevaban impreso el sello de la
mutua y agridulce veneración.
De lo único de lo que me arrepiento sinceramente
es de no haberte dicho jamás adiós.
Sira
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