El día que creíste tenerlo todo claro
y enfrentarte a su mirada
te rompió un brazo,
para que supieras a quién pertenecías
y desistieras de pensar por ti misma.
Te despreció como ser humano
ridiculizando tu sensibilidad,
pero no le dijiste basta.
Y por enésima vez, le has perdonado.