El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
Enloquecieron de pronto
y en acontecer premeditado,
emergían del fondo de los mares.
Afloraban de todas partes,
se escurrían enjabonadas de las duchas.
El domingo temprano,
ya se contorsionaban en los pisos.
Se concentraban frente a los atrios
y a la mirada atónita de los sacristanes,
que defendieron con sus vidas
el sagrado vino de los altares.
Comenzaron a crecer bajo el Sol y el descrédito.
Nuestras fuerzas del orden,
distraídas por los partidos televisados,
fueron sorprendidas y desbordadas.
No pudieron detenerles
en su frenesí de vaciar estantes.
Eran un aluvión.
Irreflexivas,
inconexas,
invertebradas,
incoherentes se multiplicaban
Requería ya atención el simple no pisarles.
Tomaban directamente del pico,
eructaban en forma desmedida,
devolvían sus estómagos por todas partes.
Escupían piropos ordinarios a las tías solteras
que respondían con certeros carterazos o sonrisas.
Estertor y Convulsia eran moneda corriente ya a esa altura
del bochorno.
Tres mil pesos
llegó a cobrarse la botella
gracias a esos organismos salvajes.
Nada,
terminó siendo todo el vino disponible
en Tipipotinarca
El Sol ya no es Sol,
eso es ya sabido.
Ahora ya no podemos seguir callando esto.
Los japoneses diseñando viñedos inalámbricos para sus terrazas,
los franceses amurallando Borgoña por teléfono.
Estamos todos confundidos y aterrados,
ante la sola posibilidad
del Resurgimiento de la dictadura de los Abstemios.
Esgrimiendo descorchadores puedes vernos
haciendo fogatas en las esquinas,
turnándonos en la ronda.
Bailando Tregua y Catala,
aferrados a nuestro vidrio verde con ventosas,
como a esperanza.
La ciencia recomienda mesura
ante el fenómeno que califica de
“estacional, alegre y pasajero”.
Mientras el orbe entero se galvaniza y abroquela.
Cada cual desconfiando cuida su vaso
y todos nos deslizamos ligeramente hacia la derecha
ante la silenciosa invasión de las esponjas…
Tregua y Catala: Pregúntenle Julio Cortázar y su "Historia de Cronopios y Famas"
" Los famas habían puesto una fábrica de mangueras, y emplearon a numerosos cronopios para el enrollado y depósito. Apenas los cronopios estuvieron en el lugar del hecho, una grandísima alegría. Había mangueras verdes, rojas, azules, amarillas y violetas. Eran transparentes y al ensayarlas se veía correr el agua con todas sus burbujas y a veces un sorprendido insecto. Los cronopios empezaron a lanzar grandes gritos, y querían bailar tregua y bailar catala en vez de trabajar. Los famas se enfurecieron y aplicaron en seguida los artículos 21, 22 y 23 del reglamento interno. A fin de evitar la repetición de tales hechos."
y en acontecer premeditado,
emergían del fondo de los mares.
Afloraban de todas partes,
se escurrían enjabonadas de las duchas.
El domingo temprano,
ya se contorsionaban en los pisos.
Se concentraban frente a los atrios
y a la mirada atónita de los sacristanes,
que defendieron con sus vidas
el sagrado vino de los altares.
Comenzaron a crecer bajo el Sol y el descrédito.
Nuestras fuerzas del orden,
distraídas por los partidos televisados,
fueron sorprendidas y desbordadas.
No pudieron detenerles
en su frenesí de vaciar estantes.
Eran un aluvión.
Irreflexivas,
inconexas,
invertebradas,
incoherentes se multiplicaban
Requería ya atención el simple no pisarles.
Tomaban directamente del pico,
eructaban en forma desmedida,
devolvían sus estómagos por todas partes.
Escupían piropos ordinarios a las tías solteras
que respondían con certeros carterazos o sonrisas.
Estertor y Convulsia eran moneda corriente ya a esa altura
del bochorno.
Tres mil pesos
llegó a cobrarse la botella
gracias a esos organismos salvajes.
Nada,
terminó siendo todo el vino disponible
en Tipipotinarca
El Sol ya no es Sol,
eso es ya sabido.
Ahora ya no podemos seguir callando esto.
Los japoneses diseñando viñedos inalámbricos para sus terrazas,
los franceses amurallando Borgoña por teléfono.
Estamos todos confundidos y aterrados,
ante la sola posibilidad
del Resurgimiento de la dictadura de los Abstemios.
Esgrimiendo descorchadores puedes vernos
haciendo fogatas en las esquinas,
turnándonos en la ronda.
Bailando Tregua y Catala,
aferrados a nuestro vidrio verde con ventosas,
como a esperanza.
La ciencia recomienda mesura
ante el fenómeno que califica de
“estacional, alegre y pasajero”.
Mientras el orbe entero se galvaniza y abroquela.
Cada cual desconfiando cuida su vaso
y todos nos deslizamos ligeramente hacia la derecha
ante la silenciosa invasión de las esponjas…
Tregua y Catala: Pregúntenle Julio Cortázar y su "Historia de Cronopios y Famas"
" Los famas habían puesto una fábrica de mangueras, y emplearon a numerosos cronopios para el enrollado y depósito. Apenas los cronopios estuvieron en el lugar del hecho, una grandísima alegría. Había mangueras verdes, rojas, azules, amarillas y violetas. Eran transparentes y al ensayarlas se veía correr el agua con todas sus burbujas y a veces un sorprendido insecto. Los cronopios empezaron a lanzar grandes gritos, y querían bailar tregua y bailar catala en vez de trabajar. Los famas se enfurecieron y aplicaron en seguida los artículos 21, 22 y 23 del reglamento interno. A fin de evitar la repetición de tales hechos."