María Francisca
GAVIOTA
Pasa el tren
y veo el Quijote
en tus manos de lirio.
Pasa otro
y me veo con el mismo Quijote
tratando de recordar como es la vida.
La vida,
que comenzó a ser mi muerte
cuando ya no estabas, ahí,
parado, diciéndome que clásico escoger;
cuando me di cuenta
que las palabras sólo
se pueden decir una vez.
Te fuiste y yo me quede
buscando una razón,
la que no aceptó.
Ahora, lo que tengo y soy
dibuja señalando mi figura
de Pablo Neruda en tu sangre.
La nostalgia no se iguala
a tu biblioteca del eterno retorno
a la pluma y al pergamino,
donde decidí hacerte una promesa,
donde decidí no olvidar tu boina.
No trato de ser
más de lo que puedo dar,
pero si le rezo a lo que no entiendo
para encontrarte siempre
en mi corazón.
!Si, Abuelo, nunca te dije
que quería ser Hamlet,
porque creí que siempre
ibas a llegar a esos momento de Oda,
tal vez,
si lo hubiera hecho,
todavía estarías aquí.
Aquí,
para verme en tu obra
de las mil y unas noches.
Tu me enseñaste lo más hermoso
de un ángel,
a creer en la soledad y
amarla en un libro.
Me hiciste saber que mi vida
bastaba en la pasión de todos los poetas.
Tu me dijiste el refrán
y yo, la conclusión.
Tu me diste un don
y yo, trato de que cada final
de día, sea orgullo.
Tú, solo hiciste de mí,
un pequeño diccionario,
un sinónimo de todas las culturas.
y veo el Quijote
en tus manos de lirio.
Pasa otro
y me veo con el mismo Quijote
tratando de recordar como es la vida.
La vida,
que comenzó a ser mi muerte
cuando ya no estabas, ahí,
parado, diciéndome que clásico escoger;
cuando me di cuenta
que las palabras sólo
se pueden decir una vez.
Te fuiste y yo me quede
buscando una razón,
la que no aceptó.
Ahora, lo que tengo y soy
dibuja señalando mi figura
de Pablo Neruda en tu sangre.
La nostalgia no se iguala
a tu biblioteca del eterno retorno
a la pluma y al pergamino,
donde decidí hacerte una promesa,
donde decidí no olvidar tu boina.
No trato de ser
más de lo que puedo dar,
pero si le rezo a lo que no entiendo
para encontrarte siempre
en mi corazón.
!Si, Abuelo, nunca te dije
que quería ser Hamlet,
porque creí que siempre
ibas a llegar a esos momento de Oda,
tal vez,
si lo hubiera hecho,
todavía estarías aquí.
Aquí,
para verme en tu obra
de las mil y unas noches.
Tu me enseñaste lo más hermoso
de un ángel,
a creer en la soledad y
amarla en un libro.
Me hiciste saber que mi vida
bastaba en la pasión de todos los poetas.
Tu me dijiste el refrán
y yo, la conclusión.
Tu me diste un don
y yo, trato de que cada final
de día, sea orgullo.
Tú, solo hiciste de mí,
un pequeño diccionario,
un sinónimo de todas las culturas.
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