Aca era la duna

bello poema a pesar de mostrar melancolÍa en lÍneas un placer leerle saludos
si… acá era.

ves, la pequeña duna que extrañamente se levanta,
se quita legañas de gato
de sus ambiguos aposentos
donde hace noches fornicamos.

era aquí,
nos sentábamos a esperar el ocaso,
verano era todo el tiempo que nos juntábamos,
pegados como la arena que se nos pega
violentamente a nuestras pieles desnudas,
ay la desnudez de antaño
ay la desnudez…
la desnudez…

aquí era donde nos sentábamos a vernos todo,
a decirnos el vaivén,
el holocausto en la orilla,
el elegante aterrizaje de un pelicano herido
de verlo como ahora
y recuerdo que imitabas ese gesto del mar, ese misterio,
el agujero donde apenas se ven los ojos de miedo del cangrejo
que un día quise atrapar y lo impediste…

acá contábamos los vuelos
y el sol nos escondía en la ausencia de estrellas,
sentados lo sé,
y te quedan dudas,
era la ausencia de estrellas, así es,
la ausencia, acá es, acá era, bajo el arem,
nuestra manos se encontraban tímidas tibias
disimulando cada una en su propia esquina crepuscular,
una a una se juntaban dando el primer pincelazo de caricia
diciendo: “noviembre es cálido aroma de pueblo bajo el mar…”
decíamos y callábamos las otras cosas
dejándolas bajo la arena junto a nuestras manos
que se alejaban tristemente.
se dormía la tarde al bostezar el gallinazo a un rincón del muelle,
seguía una estela de aves que engrisaban el dorado,
y las otras se metían el pico en la espalda
y morían como nosotros…

el mar arroja mis pies,
y tus huellas no han de perecer
en ese vaivén constante de sol arduo,
el espinazo me arde, también tus huellas,
me duelen tus huellas,
me dicen que te has ido sola por el filo,
tus huellas murmuran como un mercado de nubes
gritan todo:
me he quedado solo tan solo
la playa se hace inmensa
solo… solo…
y es difícil habitarla soportarla,
tan solo… solo…
varado como un lobo de mar repleto de gallinazos
picotazos
entraña de cangrejos rojos que dibujan gusanos
en los surcos donde hubieron dedos,
no puedo cantar,
ni sentir el mar que quiere rescatarme
con la muerte asegurada a la cola de una sirena sureña,
varado como los palillos de un bote destrozado en la orilla
donde nos juntamos como el agua a la arena seca
dejando oscura huella
humedad
somnolencia,
en la orilla ocultamos cosas
y sentimientos en botellas
y vacío,
nombres y fechas en astillas.
los piratas nos han dado huesos y polvo
un mapa de tesoros marinos
mapa que perdimos junto a la mirada
al norte tú
al sur yo
una bofetada que la brisa lloró
muy cerca de la sombría-cocotero
y las dunas… las dunas…
las dunas ocultan lo de aquella tarde
lo de aquella noche
lo de aquellos días.

di querida amiga…
 
Cuando el amor termina y quedan rastros de una vida, anhelantes se vuelven los recuerdos en el tiempo.
Un gusto leerte un abrazo
 
Bellos versos que denotan melancolía . Un gusto dejarte mi huella y cinco estrellas :::hug::::::hug:::

Si… acá era.

Ves, la pequeña duna que extrañamente se levanta,
se quita legañas de gato
de sus ambiguos aposentos
donde hace noches fornicamos.

Era aquí,
nos sentábamos a esperar el ocaso,
verano era todo el tiempo que nos juntábamos,
pegados como la arena que se nos pega
violentamente a nuestras pieles desnudas,
ay la desnudez de antaño
ay la desnudez…
la desnudez…

Aquí era donde nos sentábamos a vernos todo,
a decirnos el vaivén,
el holocausto en la orilla,
el elegante aterrizaje de un pelicano herido
de verlo como ahora
y recuerdo que imitabas ese gesto del mar, ese misterio,
el agujero donde apenas se ven los ojos de miedo del cangrejo
que un día quise atrapar y lo impediste…

Acá contábamos los vuelos
y el sol nos escondía en la ausencia de estrellas,
sentados lo sé,
y te quedan dudas,
era la ausencia de estrellas, así es,
la ausencia, acá es, acá era, bajo el arem,
nuestra manos se encontraban tímidas tibias
disimulando cada una en su propia esquina crepuscular,
una a una se juntaban dando el primer pincelazo de caricia
diciendo: “noviembre es cálido aroma de pueblo bajo el mar…”
decíamos y callábamos las otras cosas
dejándolas bajo la arena junto a nuestras manos
que se alejaban tristemente.
Se dormía la tarde al bostezar el gallinazo a un rincón del muelle,
seguía una estela de aves que engrisaban el dorado,
y las otras se metían el pico en la espalda
y morían como nosotros…

El mar arroja mis pies,
y tus huellas no han de perecer
en ese vaivén constante de sol arduo,
el espinazo me arde, también tus huellas,
me duelen tus huellas,
me dicen que te has ido sola por el filo,
tus huellas murmuran como un mercado de nubes
gritan todo:
me he quedado solo tan solo
la playa se hace inmensa
solo… solo…
y es difícil habitarla soportarla,
tan solo… solo…
varado como un lobo de mar repleto de gallinazos
picotazos
entraña de cangrejos rojos que dibujan gusanos
en los surcos donde hubieron dedos,
no puedo cantar,
ni sentir el mar que quiere rescatarme
con la muerte asegurada a la cola de una sirena sureña,
varado como los palillos de un bote destrozado en la orilla
donde nos juntamos como el agua a la arena seca
dejando oscura huella
humedad
somnolencia,
en la orilla ocultamos cosas
y sentimientos en botellas
y naufragio,
nombres y fechas en astillas.
Los piratas nos han dado huesos y polvo
un mapa de tesoros marinos
mapa que perdimos junto a la mirada
al norte tú
al sur yo
una bofetada que la brisa lloró
muy cerca de la sombría-cocotero
y las dunas… las dunas…
las dunas ocultan lo de aquella tarde
lo de aquella noche
lo de aquellos días.

Di querida amiga…
 

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