Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Eso fue, eso ha sido, mi amor, eso es ahora, acariciarte de lejos,
ahora eres libre, libre para otras caricias,
y yo te acaricio de lejos,
tus ojos cuando me mirabas, hace 40 días,
nada más que eso,
un encanto perplejo, y comienzo metáforas, como tocar tus dedos uno por uno,
dedo a dedo, minuto a minuto,
hace tanto tiempo, y hace tan poco que vuelvo a acariciarte de lejos, mi amor,
el sueño que volviste a ser veinte años después,
volamos arriba de tu máquina mecánica, en ruta a nuestra intimidad, una vez,
pero volví a acariciarte de lejos,
de cerca era demasiado cerca,
demasiados rituales,
complejos, brutales,
tan absurdamente inmortales para ti.
Vuelvo a casa,
camino con el ruido de mis pisadas, y ellas también recuerdan la puerta de tu auto,
que me saludaba cuando al verte volvía a acariciarte de lejos,
cuando nuestras manos se separaban, se disipaban entrelazadas,
distanciaban todos esos momentos de trenes rodando dispersos seguidos de motores alerta.
He vuelto a acariciarte de nuevo,
pero de lejos,
donde estas segura,
donde no tienes miedo, ni mi dulzura, pero no tienes miedo,
miedo del frío, del alma,
de mis contínuas marcas en tu piel,
en el alma de tu corazón,
porque descubrimos que nuestras almas estaban repletas de corazones, los nuestros,
los de siempre,
aquellos que ahora han terminado por acariciarse, de lejos,
los dos aislados, protegidos, a salvo uno del otro, ahora te acaricio de lejos,
cuando todo ha terminado,
cuando son destellos los que permanecen en mis noches y tardes, cuando el ruido del día se va, y se termina golpeando mis emociones, situaciones, las versiones de todos los que juegan todos los días a ser hombres, mujeres y niños en mi vida,
mi vida,
vida mía,
he vuelto a acariciarte de lejos.
He vuelto a amarte,
desde tan lejos.
Hasta siempre, mi amor,
de lejos.
ahora eres libre, libre para otras caricias,
y yo te acaricio de lejos,
tus ojos cuando me mirabas, hace 40 días,
nada más que eso,
un encanto perplejo, y comienzo metáforas, como tocar tus dedos uno por uno,
dedo a dedo, minuto a minuto,
hace tanto tiempo, y hace tan poco que vuelvo a acariciarte de lejos, mi amor,
el sueño que volviste a ser veinte años después,
volamos arriba de tu máquina mecánica, en ruta a nuestra intimidad, una vez,
pero volví a acariciarte de lejos,
de cerca era demasiado cerca,
demasiados rituales,
complejos, brutales,
tan absurdamente inmortales para ti.
Vuelvo a casa,
camino con el ruido de mis pisadas, y ellas también recuerdan la puerta de tu auto,
que me saludaba cuando al verte volvía a acariciarte de lejos,
cuando nuestras manos se separaban, se disipaban entrelazadas,
distanciaban todos esos momentos de trenes rodando dispersos seguidos de motores alerta.
He vuelto a acariciarte de nuevo,
pero de lejos,
donde estas segura,
donde no tienes miedo, ni mi dulzura, pero no tienes miedo,
miedo del frío, del alma,
de mis contínuas marcas en tu piel,
en el alma de tu corazón,
porque descubrimos que nuestras almas estaban repletas de corazones, los nuestros,
los de siempre,
aquellos que ahora han terminado por acariciarse, de lejos,
los dos aislados, protegidos, a salvo uno del otro, ahora te acaricio de lejos,
cuando todo ha terminado,
cuando son destellos los que permanecen en mis noches y tardes, cuando el ruido del día se va, y se termina golpeando mis emociones, situaciones, las versiones de todos los que juegan todos los días a ser hombres, mujeres y niños en mi vida,
mi vida,
vida mía,
he vuelto a acariciarte de lejos.
He vuelto a amarte,
desde tan lejos.
Hasta siempre, mi amor,
de lejos.