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Acaso te amé

Eduardo Morguenstern

Poeta que considera el portal su segunda casa
ACASO TE AMÉ


Acaso te amé
abarrotando de ayes el corazón.
Te amé con un amor que era nido de esperanzas,
te amé todas las horas, y en cada uno de los granos
de arena del reloj.
Te amé sin tiempo.


Te amé como aturdido en tu esplendor,
amarillamente,

con las luces cegantes de soles meridianos
en verano y aún en las sonrientes primaveras
envinadas con la fragancia de los cedros

Es cierto, te amé, inocentemente, iluso,
si los violines plañían preludios de un scherzo
en las abrileñas tardes
mientras tejía mis versos,

y te amé aún en las baldías oquedades del desvelo
con un deseo que fue el adalid de mil deseos...

Ardiente era el amor que tenaz, obsesivamente,
tras los misterios de tus ecos fue, mujer,
buscándote tras las quimeras
acuciantes del delirio febril que me abatía

y te busqué, palpando en la nada
como a tientas,

como se persigue una errante traza de luz,
un reflejo de luna, una voz casi inaudible,
el espejismo de una muy lejana melodía...
y acaso te amé tanto pues sabía
sin saberlo
que nunca, nunca habrías de ser mía.


EDUARDO MORGUENSTERN
 
Última edición:
acaso te amÉ


acaso te amé
abarrotando de ayes el corazón.
te amé con un amor que era nido de esperanzas,
te amé todas las horas, y en cada uno de los granos
de arena del reloj.
Te amé sin tiempo.


te amé como aturdido en tu esplendor,
amarillamente,

con las luces cegantes de soles meridianos
en verano y aún en las sonrientes primaveras
envinadas con la fragancia de los cedros

es cierto, te amé, inocentemente, iluso,
si los violines plañían preludios de un scherzo
en las abrileñas tardes
mientras tejía mis versos,

y te amé aún en las baldías oquedades del desvelo
con un deseo que fue el adalid de mil deseos...

ardiente era el amor que tenaz, obsesivamente,
tras los misterios de tus ecos fue, mujer,
buscándote tras las quimeras
acuciantes del delirio febril que me abatía

y te busqué, palpando en la nada
como a tientas,

como se persigue una errante traza de luz,
un reflejo de luna, una voz casi inaudible,
el espejismo de una muy lejana melodía...
y acaso te amé tanto pues sabía
sin saberlo
que nunca, nunca habrías de ser mía.


eduardo morguenstern


eduardo su fineza y sus recursos son de una pluma diplomada.

Sin prever el final, caÌ en las redes de un estilo que no habÌa
conocido.

Compatriota,...

Como le habla a ese amor,...le habla a la poesÌa.

Mis afectos.

Jorge
 
Amor que susurra perdido en la noche, vestido de soledades tantas, son maravillosos y hermosisimos tus versos amigo poeta, impregnados de un sentir que sucumbe en cada centimetro del alma.

Ha sido un inmenso placer visitarte.
Besitos inmensos para ti...
 
Mi querido Eduardo cada pieza que leo tuya me deja extasisada entre ese gran sentimiento desbordado y el gran sabor poético, elegantemente plasmado este amor casi delirante, entre los parajes del olimpo y la inalcansable ninfa que a solo unos pasos se queda, es una magistral obra, siempre me llenas el alma de poesía.

Grato siempre llegar mi buen amigo mi admiración y porsupuesto ese cielo de estrellitas iluminando el universo de tus versos.
Cariños
tu amiga de siempre.
Ligia
 
Estas letras son hermosas y el final... ese final deja un nudo en la garganta...
¡Gracias por compartir!
Abrazos y estrellas,
Silvia
 
¡Ah, muy querida amiga Ligia! Gracias por tus palabras tan amables y estimulantes.
No creo merecer elogio alguno, lo digo de corazón.
Pero si te agradan mis letrillas ello me endulza el día!
Con un gran cariño y mucho respeto por tu creatividad, recibe las mejores flores de tu amigo.
Eduardo.
 
ACASO TE AMÉ


Acaso te amé
abarrotando de ayes el corazón.
Te amé con un amor que era nido de esperanzas,
te amé todas las horas, y en cada uno de los granos
de arena del reloj.
Te amé sin tiempo.

Te amé como aturdido en tu esplendor,
amarillamente,
con las luces cegantes de soles meridianos
en verano y aún en las sonrientes primaveras
envinadas con la fragancia de los cedros

Es cierto, te amé, inocentemente, iluso,
si los violines plañían preludios de un scherzo
en las abrileñas tardes
mientras tejía mis versos,
y te amé aún en las baldías oquedades del desvelo
con un deseo que fue el adalid de mil deseos...

Ardiente era el amor que tenaz, obsesivamente,
tras los misterios de tus ecos fue, mujer,
buscándote tras las quimeras
acuciantes del delirio febril que me abatía

y te busqué, palpando en la nada
como a tientas,
como se persigue una errante traza de luz,
un reflejo de luna, una voz casi inaudible,
el espejismo de una muy lejana melodía...
y acaso te amé tanto pues sabía
sin saberlo
que nunca, nunca habrías de ser mía.


EDUARDO MORGUENSTERN

¿ Por donde andaba yo
que me perdí esta belleza ?
seguramente "dormida en los laureles"
¡ Es bellísima! Eduardo
Besosssssssssssssss
 
Muy bello... Excelente tu pluma. Mis estrellas.

Petonets desde España para Argentina,

Libra *M*
 

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