Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
En el instante en que culminó la estela,
te degajaste en pétalos cascados de nubes,
con fiereza jugaste a tu lado con la brisa
marina y con las olas ínfimas bordeando la arena.
Maravillosa de piernas, acicalada y de seda sin
perder de vista a la bestia, con tus bellos ojos,
con tus sabios labios, con tu porte de mujer
serena, respiraste con tu cuerpo entre los riscos
ocres, giraste en la silente ruta de los dominicos,
usando los pasos felinos de una pantera.
Cabía ya en tu rostro ese aire de la dulce espera.
Tus manos deslizadas hacia tu sonrisa adivinaban
las esferas.
Tu faz se inclinaba en pos de los besos,
Tus pies sacudían con furia mi cuerpo en el que
anidaba un futuro incierto,
llegaron así presentidos besos, la luna cedió
su lumbre desde el comienzo.
Era tan raro verte de lejos, verte distante como
al comienzo...
Iluminada y plena tu entrega amorosa fue mi
presente y mi embelezo.
te degajaste en pétalos cascados de nubes,
con fiereza jugaste a tu lado con la brisa
marina y con las olas ínfimas bordeando la arena.
Maravillosa de piernas, acicalada y de seda sin
perder de vista a la bestia, con tus bellos ojos,
con tus sabios labios, con tu porte de mujer
serena, respiraste con tu cuerpo entre los riscos
ocres, giraste en la silente ruta de los dominicos,
usando los pasos felinos de una pantera.
Cabía ya en tu rostro ese aire de la dulce espera.
Tus manos deslizadas hacia tu sonrisa adivinaban
las esferas.
Tu faz se inclinaba en pos de los besos,
Tus pies sacudían con furia mi cuerpo en el que
anidaba un futuro incierto,
llegaron así presentidos besos, la luna cedió
su lumbre desde el comienzo.
Era tan raro verte de lejos, verte distante como
al comienzo...
Iluminada y plena tu entrega amorosa fue mi
presente y mi embelezo.
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