ludmila
Poeta veterano en el portal
Acepto tu voz encaramada de liturgia nocturna
y tu andar de sombra en la copa de mis lágrimas,
recelo de los brazos que envolvían los ojos
tan amados de la lejanía.
Un atisbo de calor en la palma y el beso que sanciona
la longitud de la boca
en el mar aquiescente de la magia.
Acepto también el ardor que pronosticaba tu pecho
en el angelical recodo de la almohada,
un argumento esencial para el insomnio
fundamental excusa reclamada
y tu andar de sombra en la copa de mis lágrimas,
recelo de los brazos que envolvían los ojos
tan amados de la lejanía.
Un atisbo de calor en la palma y el beso que sanciona
la longitud de la boca
en el mar aquiescente de la magia.
Acepto también el ardor que pronosticaba tu pecho
en el angelical recodo de la almohada,
un argumento esencial para el insomnio
fundamental excusa reclamada