OscarCortazar
Poeta recién llegado
En la espuma blanca del mar
una figura carnosa de patas grandes tendida
quiere permanecer
en el paisaje hediondo
de rincones que le tienen horror al vacío.
Plenamente tendida
la figura no le teme al contacto con el suelo
a la vez que yace bajo la contemplación del reloj derretido.
Solamente en el ocaso
al quedar desnuda la roca marina
Dalí permanece encantado y de un plumazo
se tira hacia el paisaje de su obra, boca arriba, contoneándose.
Cuando está lúcido
vuelve a salirse del paisaje
valiéndose de un salto y un chillido.
Admiro los colores opacos de las cosas
-la caja marrón, los relojes ovalados, el árbol-
que aparecen en mis ensueños
también la espuma blanca que suele ocultarse un poco
aferrada, como no, a la roca eternamente inmóvil.
Un reloj ablandado
en un plano del paisaje
que sin su tic tac parece no conmover a nadie
ya sea que los improperios del clima lo derriten
o a causa de una fuerza sobrehumana.
Serio y vivaz, Dalí permanece rígido, al acecho
de cualquier sonido en el cuadro
de las olas, de la figura, del árbol
para cerciorarse de que las épocas del ruido jamás terminen
y que la persistencia de la memoria esté fija en los ojos del espectador.
Sin que le crezcan hojas
y sin que tenga raíces
el árbol pelado
se aferra a la caja.
¿Qué indica ese reloj anaranjado como el fuego?
detenido en su mecanismo
¿es un resquemor? ¿una pesadilla?
¿o el desgaste inevitable?
La corrosión está recorriendo la pátina del cuadro
cuando llega la negrura total no se aprecia
va borrando muy lentamente el tronco del árbol
pero el reloj central colgado de la rama
es aguado como un hot cake.
La figura carnosa está durmiendo
y deja una mancha de sudor
se viene la marejada, cansina
bajo el cielo blanquiazul.
una figura carnosa de patas grandes tendida
quiere permanecer
en el paisaje hediondo
de rincones que le tienen horror al vacío.
Plenamente tendida
la figura no le teme al contacto con el suelo
a la vez que yace bajo la contemplación del reloj derretido.
Solamente en el ocaso
al quedar desnuda la roca marina
Dalí permanece encantado y de un plumazo
se tira hacia el paisaje de su obra, boca arriba, contoneándose.
Cuando está lúcido
vuelve a salirse del paisaje
valiéndose de un salto y un chillido.
Admiro los colores opacos de las cosas
-la caja marrón, los relojes ovalados, el árbol-
que aparecen en mis ensueños
también la espuma blanca que suele ocultarse un poco
aferrada, como no, a la roca eternamente inmóvil.
Un reloj ablandado
en un plano del paisaje
que sin su tic tac parece no conmover a nadie
ya sea que los improperios del clima lo derriten
o a causa de una fuerza sobrehumana.
Serio y vivaz, Dalí permanece rígido, al acecho
de cualquier sonido en el cuadro
de las olas, de la figura, del árbol
para cerciorarse de que las épocas del ruido jamás terminen
y que la persistencia de la memoria esté fija en los ojos del espectador.
Sin que le crezcan hojas
y sin que tenga raíces
el árbol pelado
se aferra a la caja.
¿Qué indica ese reloj anaranjado como el fuego?
detenido en su mecanismo
¿es un resquemor? ¿una pesadilla?
¿o el desgaste inevitable?
La corrosión está recorriendo la pátina del cuadro
cuando llega la negrura total no se aprecia
va borrando muy lentamente el tronco del árbol
pero el reloj central colgado de la rama
es aguado como un hot cake.
La figura carnosa está durmiendo
y deja una mancha de sudor
se viene la marejada, cansina
bajo el cielo blanquiazul.
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