Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Denuncio que me acosa tu sombra en la noche
y que en mi cama hay un fuerte olor a ti,
te acuso de quedarte en mi mente sin cuándo ni dónde
y te absuelvo por todo porque estoy noqueado por ti.
Denuncio que no se me quita tu imagen de encima
y que tengo deseos de llamarte y decir “me gustas”,
denuncio que no paro de sentir tu risa
y que tengo una foto que guardo para mí.
Me gustas, tanto que quise quedarme a dormir
pensando que estabas desnuda conmigo,
y resulta que al despertar no te vi por allí
y me quedé tan triste, aquí te lo digo.
Háblame porque extraño tu voz susurrando a mi oído
palabras de pasión que yo nunca he sentido,
contratos de amor que se firman con besos
y una hipoteca en tu colchón, ¡Aleluya por eso!
Esta noche cuando cierre mis ojos y comience a reír
pondré mi piel con temperatura bajo cero,
porque temo que al verte venir
mi boca bendita se convierta en fuego.
Ahora escribo igual sin escribir de los mismo,
y despierto cada mañana con un beso en los labios
que me sabe bien, tan bien que sudando contigo
olvido que soy menos ángel y un poco más diablo.
Denuncio que al cierre de esta triste edición
hay una realidad que se queda conmigo,
un cuchillo perdido que nunca conoció pan
y un deseo feroz de besarme contigo.
y que en mi cama hay un fuerte olor a ti,
te acuso de quedarte en mi mente sin cuándo ni dónde
y te absuelvo por todo porque estoy noqueado por ti.
Denuncio que no se me quita tu imagen de encima
y que tengo deseos de llamarte y decir “me gustas”,
denuncio que no paro de sentir tu risa
y que tengo una foto que guardo para mí.
Me gustas, tanto que quise quedarme a dormir
pensando que estabas desnuda conmigo,
y resulta que al despertar no te vi por allí
y me quedé tan triste, aquí te lo digo.
Háblame porque extraño tu voz susurrando a mi oído
palabras de pasión que yo nunca he sentido,
contratos de amor que se firman con besos
y una hipoteca en tu colchón, ¡Aleluya por eso!
Esta noche cuando cierre mis ojos y comience a reír
pondré mi piel con temperatura bajo cero,
porque temo que al verte venir
mi boca bendita se convierta en fuego.
Ahora escribo igual sin escribir de los mismo,
y despierto cada mañana con un beso en los labios
que me sabe bien, tan bien que sudando contigo
olvido que soy menos ángel y un poco más diablo.
Denuncio que al cierre de esta triste edición
hay una realidad que se queda conmigo,
un cuchillo perdido que nunca conoció pan
y un deseo feroz de besarme contigo.