Cogito Coito Fito
Poeta asiduo al portal
“Tanto orden en mi cuerpo, mata los sentimientos que en mi llevo dentro”
Su mirada inerme ante la concurrencia
e indócil para el mielgo propio,
es su sumiso juicio ya atrófico,
el que germina un mentor que no es dios
ni otro que limite ciegamente
a la emulación industriosa;
que pueda negar la existencia del tiempo y
las caricias que ofrecen los parajes quizás utópicos.
Son esos sumisos e insulsos consejos
los que íngriman el misino del gazapo,
el dadivoso del egoísta y prepotente,
y el hombre de índole del tarado común.
Aunque no es esto afable para su mente,
si es engibado por el cuerpo estas teorías
que puedan ser cohibidas
por fanáticos de metales preciosos y
seguidores de carne perfecta.
Siendo burlesco la heredad del zafio y
de los perjurios pertenecientes a la creación,
ha lacerado su belleza a cambio
de recular la paranoia junto al sopor.
Ha estado buscando lo magistral
y ovillar idea en idea tan raudo,
que ha llagado su piel en forma de herejía,
pero aparentemente en figura de lujuria.
Simplemente es la acracia que ofrece,
a esas figuras fantasiosas e hipotéticas,
imitadores de revistas y espejos globalizados.
Esos seres abatidos por la pobreza denigrando
el poco orgullo que aún queda latente en ellos,
a esos conceptos tan intranquilizantes,
que carecen de explicación congruente
riada por el ocio denotado de la estupidez
y de lo artificial.
Autor: Porfirio Martínez (Cogito)
Su mirada inerme ante la concurrencia
e indócil para el mielgo propio,
es su sumiso juicio ya atrófico,
el que germina un mentor que no es dios
ni otro que limite ciegamente
a la emulación industriosa;
que pueda negar la existencia del tiempo y
las caricias que ofrecen los parajes quizás utópicos.
Son esos sumisos e insulsos consejos
los que íngriman el misino del gazapo,
el dadivoso del egoísta y prepotente,
y el hombre de índole del tarado común.
Aunque no es esto afable para su mente,
si es engibado por el cuerpo estas teorías
que puedan ser cohibidas
por fanáticos de metales preciosos y
seguidores de carne perfecta.
Siendo burlesco la heredad del zafio y
de los perjurios pertenecientes a la creación,
ha lacerado su belleza a cambio
de recular la paranoia junto al sopor.
Ha estado buscando lo magistral
y ovillar idea en idea tan raudo,
que ha llagado su piel en forma de herejía,
pero aparentemente en figura de lujuria.
Simplemente es la acracia que ofrece,
a esas figuras fantasiosas e hipotéticas,
imitadores de revistas y espejos globalizados.
Esos seres abatidos por la pobreza denigrando
el poco orgullo que aún queda latente en ellos,
a esos conceptos tan intranquilizantes,
que carecen de explicación congruente
riada por el ocio denotado de la estupidez
y de lo artificial.
Autor: Porfirio Martínez (Cogito)
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