En este punto y final
es donde comienzan mis virtudes.
Debajo de estas capas acartonadas de piel
transfiguro esfinges, y vierto mi salud en tu boca.
El cúmulo de sobresaliente nostalgia ganadora
quedó acorralada en el lecho del abrazo enemigo.
Tal y como se acordó antes de comenzar a rezar,
no se creería ni en el destierro, ni en la eterna plenitud.
Tal y como acordamos en el nido astillado de un epitafio,
cobraría el verde más sentido sin silencios.
Nube espinada en tu boca,
tormento de lengua envenenada de deseos incumplidos,
eres ese ascenso infinito y claro de tortura afortunada.
Mi muerte en este punto y aparte
dejará abierta la incógnita de haber sido paciente.
En las comas están las referencias
de lo que se desmonta,
de la sana ignorancia en tu pecado de pena,
o ha sido más que un inciso de sangre
lo que no pude contemplar en ojos ausente,
desnudos de lámpara casera,
vientre seco, le dejo al corazón deshecho, alma abierta.
Caso cerrado,
sin los dos puntos metafóricos del complemento directo
de mi nombre, regresarás;
a la espera de que a mi cadavérica evocación
nunca sea pronóstico blasfemo,
el susurro de un mendigo
en esta última esperpéntica acrobacia.
M.T.O.
es donde comienzan mis virtudes.
Debajo de estas capas acartonadas de piel
transfiguro esfinges, y vierto mi salud en tu boca.
El cúmulo de sobresaliente nostalgia ganadora
quedó acorralada en el lecho del abrazo enemigo.
Tal y como se acordó antes de comenzar a rezar,
no se creería ni en el destierro, ni en la eterna plenitud.
Tal y como acordamos en el nido astillado de un epitafio,
cobraría el verde más sentido sin silencios.
Nube espinada en tu boca,
tormento de lengua envenenada de deseos incumplidos,
eres ese ascenso infinito y claro de tortura afortunada.
Mi muerte en este punto y aparte
dejará abierta la incógnita de haber sido paciente.
En las comas están las referencias
de lo que se desmonta,
de la sana ignorancia en tu pecado de pena,
o ha sido más que un inciso de sangre
lo que no pude contemplar en ojos ausente,
desnudos de lámpara casera,
vientre seco, le dejo al corazón deshecho, alma abierta.
Caso cerrado,
sin los dos puntos metafóricos del complemento directo
de mi nombre, regresarás;
a la espera de que a mi cadavérica evocación
nunca sea pronóstico blasfemo,
el susurro de un mendigo
en esta última esperpéntica acrobacia.
M.T.O.