Lia Alvarado
Poeta recién llegado
¿Alguna vez has sentido esa dulzura acaramelada por tus venas,
que siempre amenaza con dejar de correr,
pero parece no querer detenerse?
Si es así,
tú conoces el inicio de la historia,
de la larga y laboriosa historia.
No estaba segura de la palabra querer,
quería simular la palabra gustar entre mis labios para esconder algo más profundo que aquellas vibraciones en mi estómago,
recorriendo cada cicatriz,
recordando el dolor de cada una de ellas,
sanandolas,
cuidandolas,
reparando cada uno de mis daños.
No quería escribir lo que tus mejillas rojizas
me podrían llegar a hacer sentir,
sabía que una vez escrito quedaría para siempre en mi memoria
como un tatuaje lleno de color
sobre el confuso mar de pesadillas.
No te tengo,
no puedo decir que es lo que pasa por mi mente cuando tú sonrisa me acaricia,
y tus ojos cafés me atrapan.
Quiero perderme entre tus brazos,
que para mi equivale a segundos de luz,
porque la electricidad de tu cuerpo recorre el mío,
causando que mi corazón de acero,
ya tantas veces roto y reemplazado
pueda volver a comenzar a latir.
Puedo asegurar los escritos de dolor en un futuro,
cuando decida abrir los ojos
Y dejar de perseguir a tus ojos,
de día y noche.
Porque me cuesta mucho entender,
que el único lugar donde tus ojos brillaban al chocar con los míos
es cuando tus sentimientos son manipulados por mi mente,
tus movimientos precisos,
tus palabras perfectas
y tu piel suave,
son solo una necesidad falsa.
Soy adicta a tus perfectos poemas,
quiero ser uno de esos versos
que tus secos labios pronuncian.
Lleno de miedo,
lleno de inseguridades,
lleno de amor,
lleno de dulzura.
Larga y bella tortura,
no me niego a pasar las tardes contigo
aún cuando se que sin ningún impedimento te irás después.
No me afecta el saber que te voy a perder,
siempre y cuando,
justo en este momento,
pueda abrazarte fuerte y fotografiar en mi mente cada movimiento e imperfectas facciones.
Me robas el sueño cada noche,
mientras tú sufres de insomnio por la adicción a los brazos de alguien más.
Jamás sabrás mi peligrosa adicción a tu piel,
porque amo poder admirarte en silencio
como la gran poesía de amor
que tus labios gritan.
-Lia Alvarado
que siempre amenaza con dejar de correr,
pero parece no querer detenerse?
Si es así,
tú conoces el inicio de la historia,
de la larga y laboriosa historia.
No estaba segura de la palabra querer,
quería simular la palabra gustar entre mis labios para esconder algo más profundo que aquellas vibraciones en mi estómago,
recorriendo cada cicatriz,
recordando el dolor de cada una de ellas,
sanandolas,
cuidandolas,
reparando cada uno de mis daños.
No quería escribir lo que tus mejillas rojizas
me podrían llegar a hacer sentir,
sabía que una vez escrito quedaría para siempre en mi memoria
como un tatuaje lleno de color
sobre el confuso mar de pesadillas.
No te tengo,
no puedo decir que es lo que pasa por mi mente cuando tú sonrisa me acaricia,
y tus ojos cafés me atrapan.
Quiero perderme entre tus brazos,
que para mi equivale a segundos de luz,
porque la electricidad de tu cuerpo recorre el mío,
causando que mi corazón de acero,
ya tantas veces roto y reemplazado
pueda volver a comenzar a latir.
Puedo asegurar los escritos de dolor en un futuro,
cuando decida abrir los ojos
Y dejar de perseguir a tus ojos,
de día y noche.
Porque me cuesta mucho entender,
que el único lugar donde tus ojos brillaban al chocar con los míos
es cuando tus sentimientos son manipulados por mi mente,
tus movimientos precisos,
tus palabras perfectas
y tu piel suave,
son solo una necesidad falsa.
Soy adicta a tus perfectos poemas,
quiero ser uno de esos versos
que tus secos labios pronuncian.
Lleno de miedo,
lleno de inseguridades,
lleno de amor,
lleno de dulzura.
Larga y bella tortura,
no me niego a pasar las tardes contigo
aún cuando se que sin ningún impedimento te irás después.
No me afecta el saber que te voy a perder,
siempre y cuando,
justo en este momento,
pueda abrazarte fuerte y fotografiar en mi mente cada movimiento e imperfectas facciones.
Me robas el sueño cada noche,
mientras tú sufres de insomnio por la adicción a los brazos de alguien más.
Jamás sabrás mi peligrosa adicción a tu piel,
porque amo poder admirarte en silencio
como la gran poesía de amor
que tus labios gritan.
-Lia Alvarado