jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
.
supongo que
no estaría de más si, antes de morir
llegase a escribir un jodido poema donde constara que
si bien considero que la vida que viví no fue realmente
ni de lejos
una cosa que te cagas, algo fantástico, una sucesión extraordinaria de acontecimientos
(en realidad fue una mierda, para qué hacernos pendejos)
ni que las mujeres que quise y que tal vez me habrán querido
fueron tampoco nada como para tirar cohetes, ni tuvieron entre sus virtudes
la belleza, la sensualidad o una mínima gracia
sin embargo, aun con eso, aun con toda la jodida inmundicia y la miseria que contuvo
sobrevinieron en el transcurso de esta vida ciertos momentos -quizá no tantos
como me habría gustado que fueran-
en los que pude llegar a sentirme embargado por algo así como
una pequeña felicidad, una oleada de satisfación
por el simple hecho de ser yo mismo y estar vivo
y donde siquiera fuese por esos fugaces lapsos
mi cuerpo y mi mente y el hueco que ocupaba yo en el universo
se habían fusionado en una sola esfera radiante de gozo o algo por el estilo
emitiendo un resplandor inusitado bajo el cual
había quedado momentáneamente oculta
la vulgar y anodina sustancia de los mediocres hechos que constituían mis días
y que aquello desde luego estuvo de puta madre
no tantas veces como me habría gustado que fuesen, vuelvo a decirlo
pero las suficientes, si es que me apuras
para que su efecto acumulado terminara finalmente por hacer calar
en lo profundo de mi ser la convicción de que
incluso la vida más jodida y despreciable podía guardar en su interior
-incluso una vida rastrera y sin objeto como la mía podia guardar en su interior-
una entidad valiosa que trascendía el tiempo y la materia
algo inefable que merecía la pena intentar preservar a toda costa
ni tampoco tantas veces como para empujarme a desear que
solo por comprobar de nuevo la realidad de su maravillosa esencia
y volver a experimentar ese puñado de buenos momentos de los que hablaba arriba
-epifanías gozosas del ser vivo regodeándose en su propio existir-
hubiese alguna forma de conseguir que mi vida volviese a ocurrir otra vez
se me ofreciera la chance de volver a vivirla completa, de rayarme una segunda vuelta
no tanto como eso, claro que no -algo así no se le ocurriría desearlo
más que a un tarado o a ese jodido mamonsete del paulo cuello-
pero sí, digamos, agradecer por el hecho de haber podido estar aquí algún tiempo
haber probado lo bueno y lo malo y lo peor
y quedarme en paz por haber vivido mi chingada vida como quiera que haya sido
por no haber escurrido el bulto incluso cuando la cosa ya solo se trataba de comer mierda
por haber aguantado siempre a pie firme
la puta joda hasta el final;
y después de eso pasar a extinguirme para siempre sin que de mí terminara quedando
ningún jodido átomo en toda la extensión de la maldita tierra
.
supongo que
no estaría de más si, antes de morir
llegase a escribir un jodido poema donde constara que
si bien considero que la vida que viví no fue realmente
ni de lejos
una cosa que te cagas, algo fantástico, una sucesión extraordinaria de acontecimientos
(en realidad fue una mierda, para qué hacernos pendejos)
ni que las mujeres que quise y que tal vez me habrán querido
fueron tampoco nada como para tirar cohetes, ni tuvieron entre sus virtudes
la belleza, la sensualidad o una mínima gracia
sin embargo, aun con eso, aun con toda la jodida inmundicia y la miseria que contuvo
sobrevinieron en el transcurso de esta vida ciertos momentos -quizá no tantos
como me habría gustado que fueran-
en los que pude llegar a sentirme embargado por algo así como
una pequeña felicidad, una oleada de satisfación
por el simple hecho de ser yo mismo y estar vivo
y donde siquiera fuese por esos fugaces lapsos
mi cuerpo y mi mente y el hueco que ocupaba yo en el universo
se habían fusionado en una sola esfera radiante de gozo o algo por el estilo
emitiendo un resplandor inusitado bajo el cual
había quedado momentáneamente oculta
la vulgar y anodina sustancia de los mediocres hechos que constituían mis días
y que aquello desde luego estuvo de puta madre
no tantas veces como me habría gustado que fuesen, vuelvo a decirlo
pero las suficientes, si es que me apuras
para que su efecto acumulado terminara finalmente por hacer calar
en lo profundo de mi ser la convicción de que
incluso la vida más jodida y despreciable podía guardar en su interior
-incluso una vida rastrera y sin objeto como la mía podia guardar en su interior-
una entidad valiosa que trascendía el tiempo y la materia
algo inefable que merecía la pena intentar preservar a toda costa
ni tampoco tantas veces como para empujarme a desear que
solo por comprobar de nuevo la realidad de su maravillosa esencia
y volver a experimentar ese puñado de buenos momentos de los que hablaba arriba
-epifanías gozosas del ser vivo regodeándose en su propio existir-
hubiese alguna forma de conseguir que mi vida volviese a ocurrir otra vez
se me ofreciera la chance de volver a vivirla completa, de rayarme una segunda vuelta
no tanto como eso, claro que no -algo así no se le ocurriría desearlo
más que a un tarado o a ese jodido mamonsete del paulo cuello-
pero sí, digamos, agradecer por el hecho de haber podido estar aquí algún tiempo
haber probado lo bueno y lo malo y lo peor
y quedarme en paz por haber vivido mi chingada vida como quiera que haya sido
por no haber escurrido el bulto incluso cuando la cosa ya solo se trataba de comer mierda
por haber aguantado siempre a pie firme
la puta joda hasta el final;
y después de eso pasar a extinguirme para siempre sin que de mí terminara quedando
ningún jodido átomo en toda la extensión de la maldita tierra
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