Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
Nace el invierno en los soles de Junio,
nace gris también el último intento.
No es fácil despedirse del alma, no,
es como quedar sin vida un momento,
es como arrancarle los ojos aun ciego,
es sacarse el corazón y lavarlo en el mar
para volver a empezar.
Ya no quedan flores,
solo la lluvia es abundante,
y la actitud pétrea de un monumento.
Estos momentos llegarían,
se hilvanaron en noches de tormenta,
se hastiaron de palabras gruesas,
la duda y su simiente,
crecieron como maleza,
mala hierba las guirnaldas,
que adornan la casa.
Muda la palabra, sordo el entendimiento,
muertos los besos de pereza,
los ojos pendientes en cualquier cosa,
menos de lo que importa.
Habla ahora la borra,
habla ahora el amor desde sus cenizas,
habla el fuego que huye de tus razones,
habla duro la certeza,
y te conmueves , ¡ahora!
que no hace falta.
Te conmueves y lloras…
Mis ganas ya se mudaron,
mis manos están sordas,
mi piel murió en la espera,
mis labios son de yeso.
EL alma está en la maleta desde hace tiempo,
las rosas muertas en medio de mis libros,
mi tiempo quedo pegado en los muros de tu casa.
Tus palabras ahora son estelas de viento,
y me molestan,
tus ojos y tu pena, una luz indiscreta,
no existe la magia,
no me tocan tus magos imaginarios,
no me conmueve tu imagen de soledad.
Te dejo la soledad que yo viví, bajo tus pies,
bajo la sorna de tu altivez,
bajo el yugo de tus formas y tu desdén.
¿Ahora me culpas por tu dolor?
Yo solo te pregunto,
¿ porque?
Adiós a tu rosas sintéticas.
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