Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
Adiós a un amigo
Pasé la noche entera recordando
su talante jovial y su nobleza,
y, así, los viejos tiempos añorando
buscando consuelo a mi tristeza.
Las horas se alargaban infinitas,
mi noche parecía interminable,
las penas se aliaban con mis cuitas
haciendo mi dolor insoportable.
Me despedí, naciendo la mañana,
entre jirones de plomiza niebla,
aterido de frío por la espera
y el cansancio pintado en mis ojeras.
Junto a su tumba, fría y desolada,
con mano trémula y turbia la mirada,
dejé dos crisantemos en la tierra,
postrer tributo a su amistad sincera.
su talante jovial y su nobleza,
y, así, los viejos tiempos añorando
buscando consuelo a mi tristeza.
Las horas se alargaban infinitas,
mi noche parecía interminable,
las penas se aliaban con mis cuitas
haciendo mi dolor insoportable.
Me despedí, naciendo la mañana,
entre jirones de plomiza niebla,
aterido de frío por la espera
y el cansancio pintado en mis ojeras.
Junto a su tumba, fría y desolada,
con mano trémula y turbia la mirada,
dejé dos crisantemos en la tierra,
postrer tributo a su amistad sincera.