El aire desgrana horas.
Pesado y puro, tiñéndolas de negro
sobre ellas, deja caer su acero
convenciéndolas, de que esta noche
es noche de soledad.
Acuna sobreviviente y recio
frente a mi rostro... tu perfume
paseándolo insolente por toda la habitación.
Siento el ceño fruncido de ese adiós ausente
transformándose en brisa de paredes vacías y frías
que corrompe y que induce sin piedad
a golpearme la piel.
Húmedo, como llanto eterno lo siento
no por tus lágrimas, ni por las mías
sino porque ambos fuimos culpables y orgullosos
obligando al amor cansado
a firmar la ruptura
de una pálida relación.
Ahora aquí solas
viven sombras, que no nos permiten morir
casi como en un abrazo desesperado se juntan
a los pies de una reacción tardía que me baña
aunque me resista
de arrepentimiento.
Y así
pesado y puro y húmedo hasta irritarme
se adueña plebeyo
de mi corazón.
Pesado y puro, tiñéndolas de negro
sobre ellas, deja caer su acero
convenciéndolas, de que esta noche
es noche de soledad.
Acuna sobreviviente y recio
frente a mi rostro... tu perfume
paseándolo insolente por toda la habitación.
Siento el ceño fruncido de ese adiós ausente
transformándose en brisa de paredes vacías y frías
que corrompe y que induce sin piedad
a golpearme la piel.
Húmedo, como llanto eterno lo siento
no por tus lágrimas, ni por las mías
sino porque ambos fuimos culpables y orgullosos
obligando al amor cansado
a firmar la ruptura
de una pálida relación.
Ahora aquí solas
viven sombras, que no nos permiten morir
casi como en un abrazo desesperado se juntan
a los pies de una reacción tardía que me baña
aunque me resista
de arrepentimiento.
Y así
pesado y puro y húmedo hasta irritarme
se adueña plebeyo
de mi corazón.