pecadocapital79
Poeta adicto al portal
A tus dedos se le fundieron las luciérnagas
que alumbraban el camino.
Todo es túnel ahora
y hay cadáveres en las palmas de las manos.
En ellas cabía yo,
me dormía en la línea de tu vida
larga como la vía de tren que nunca cogimos.
El amor tiene infinitos destinos
pero una sola dirección.
Ya sabías tú que yo y las brújulas
dejamos de llevarnos bien
el mismo día que el sur se te quedó grande
como un pijama de otoño.
A tus dedos se le murieron también
las notas del "te quiero" de Calamaro
y tu guitarra cobarde yace cubierta de polvo
en donde podrás escribir alguna inicial ajena
que no tenga el peso de mi nombre.
Que me quieras es como el equilibrio,
te lo puse entre comillas
pero te olvidaste o no supiste
o no eras ni estabas
o simplemente no me querías.
Hay el eco de un portazo que retumba
mucho más que un corazón.
Te fuiste Laura y nada te reprocho,
cansada de taconear en mis miserias,
sabiéndote de memoria todas mis cicatrices,
poco más se podía hacer,
más que acompañarte a la estación
rumbo cualquier lugar lejos de mí
y despedirte para siempre en el andén
donde mueren las luciérnagas.
Buen viaje.
que alumbraban el camino.
Todo es túnel ahora
y hay cadáveres en las palmas de las manos.
En ellas cabía yo,
me dormía en la línea de tu vida
larga como la vía de tren que nunca cogimos.
El amor tiene infinitos destinos
pero una sola dirección.
Ya sabías tú que yo y las brújulas
dejamos de llevarnos bien
el mismo día que el sur se te quedó grande
como un pijama de otoño.
A tus dedos se le murieron también
las notas del "te quiero" de Calamaro
y tu guitarra cobarde yace cubierta de polvo
en donde podrás escribir alguna inicial ajena
que no tenga el peso de mi nombre.
Que me quieras es como el equilibrio,
te lo puse entre comillas
pero te olvidaste o no supiste
o no eras ni estabas
o simplemente no me querías.
Hay el eco de un portazo que retumba
mucho más que un corazón.
Te fuiste Laura y nada te reprocho,
cansada de taconear en mis miserias,
sabiéndote de memoria todas mis cicatrices,
poco más se podía hacer,
más que acompañarte a la estación
rumbo cualquier lugar lejos de mí
y despedirte para siempre en el andén
donde mueren las luciérnagas.
Buen viaje.