Adiós para siempre

Luis Rayo

Poeta fiel al portal




Adiós, dulce encanto del Señor,
me voy para no hacerte pecar,
pues mi deseo más grande es amar
y tú, mi bien, estás más allá,
más allá de la aurora boreal.

Por las noches ahuyento tu presencia.
Que aterriza en mi memoria de tristeza,
a veces te presentas como una hada inquieta
Y luego como ángel que vuela entre sonrisas.

No quiero que me recuerdes,
Las lágrimas que llevo están pesadas de sal
Y las que arrastro en el alma
llevan espinas de cristal.

A tu insistencia me haces recordar
los caminos de amor donde los bosques
nos quisieron por nuestra ilusión.

Pasión blanca que del espíritu nació.
Romance azul de dos adolecentes
Que levantaron castillos
y esperanzas fugaces
que cayeron al anochecer.

Vida que está pintada de blanco y negro
trayendo fatalidad a los enamorados,
a los que aman en lo profundo con el alma.

¡Ah! tiernos momentos de belleza,
grabados en mi mente tus ojos y tu cuerpo
siguen esculpidos con delicadeza
y en el mármol cincelado del recuerdo
tu imagen salta hermosa y de repente
con nostalgia y grandeza.

Me voy para no hacerte pecar,
pues mi deseo más grande es amar
y tú, mi bien, estás más allá,
más allá de la aurora boreal.


 




Adiós, dulce encanto del Señor,
me voy para no hacerte pecar,
pues mi deseo más grande es amar
y tú, mi bien, estás más allá,
más allá de la aurora boreal.

Por las noches ahuyento tu presencia.
Que aterriza en mi memoria de tristeza,
a veces te presentas como una hada inquieta
Y luego como ángel que vuela entre sonrisas.

No quiero que me recuerdes,
Las lágrimas que llevo están pesadas de sal
Y las que arrastro en el alma
llevan espinas de cristal.

A tu insistencia me haces recordar
los caminos de amor donde los bosques
nos quisieron por nuestra ilusión.

Pasión blanca que del espíritu nació.
Romance azul de dos adolecentes
Que levantaron castillos
y esperanzas fugaces
que cayeron al anochecer.

Vida que está pintada de blanco y negro
trayendo fatalidad a los enamorados,
a los que aman en lo profundo con el alma.

¡Ah! tiernos momentos de belleza,
grabados en mi mente tus ojos y tu cuerpo
siguen esculpidos con delicadeza
y en el mármol cincelado del recuerdo
tu imagen salta hermosa y de repente
con nostalgia y grandeza.

Me voy para no hacerte pecar,
pues mi deseo más grande es amar
y tú, mi bien, estás más allá,
más allá de la aurora boreal.






Grato ha sido leer de este amor tan platónico como a veces se dice. Acaso ¿no valdrá la pena luchar el?
 
Creo que tu comentario es muy acertado, eso sería en el caso si estuviera viva. Te agradezco poeta que hayas pasado a este espacio a leer el poema, te lo estimo mucho. Un saludo.
 

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