Allí estabas,
emprendiendo el camino de vuelta,
sin mirar atrás, sin más equipaje
que un hatillo de sueños rotos.
A mis ojos asomaron las lágrimas.
En cada una, un trozo de vida,
un beso escondido, una cita,
una mirada furtiva,
un arrebato de pasión...
Luego,
como el agua que se precipita en una cascada,
fuerte y estrepitosa,
surgió un llanto incesante
que sacudió mi cerebro
y ahogó en mi garganta
un grito por tu ausencia...
Ahora lo entiendo.
Llegó el momento.
El tiempo y la distancia
harán del recuerdo olvido.
Nada de mí quedará en ti.
De ti en mí... sólo silencio...
Y una honda herida
que no curará ni la muerte.
Hace frío...
Dejaré encendida una vela...
No pondré el pasador...
emprendiendo el camino de vuelta,
sin mirar atrás, sin más equipaje
que un hatillo de sueños rotos.
A mis ojos asomaron las lágrimas.
En cada una, un trozo de vida,
un beso escondido, una cita,
una mirada furtiva,
un arrebato de pasión...
Luego,
como el agua que se precipita en una cascada,
fuerte y estrepitosa,
surgió un llanto incesante
que sacudió mi cerebro
y ahogó en mi garganta
un grito por tu ausencia...
Ahora lo entiendo.
Llegó el momento.
El tiempo y la distancia
harán del recuerdo olvido.
Nada de mí quedará en ti.
De ti en mí... sólo silencio...
Y una honda herida
que no curará ni la muerte.
Hace frío...
Dejaré encendida una vela...
No pondré el pasador...