Lastimosidad absoluta es lo que desprende este corto poema, del que agradecemos (en beneficio de su propio autor) que no continue. Que no siga lacerando su propia piel con versos de filo acerado, practicando el sacrificio noble con el que se pierde la sagacidad por vivir, pervivir y conservar lo vencido hasta el día presente. El amor es la cúspide y es la sima, amig@. Es el tonel donde nuestra sangre se malvierte, se putrefacciona con esperas hasta que la espita abre el riego y el oxígeno devuelve el color sangre a lo que vinagre se había vuelto. Espera, con la calma del desasosiego, que eso ocurra. No hay más camino ni más dirección que la que has elegido. Pero el final es distinto del planteado. El poema, es una lujuriosa pieza de arte con el que juega el monótono, a veces, paladar de nuestro lirismo. Una pieza digna del saboreo amargo de sus partes dulzonas, pero salpresadas a manos llenas con la salazón del desenlace no deseado. Y sigue sabiendo a gloria. Te reputo (lástima, no he podido). Gran poema.
Mi abrazo