romaguce
Poeta recién llegado
El decir adiós;
Una palabra que enluta,
Que te lleva al fin o a empezar
Nuevamente, sobre las cenizas
Claro oscuras de un desvarío
Profano.
No siempre esa palabra, se dice
Con desdén, no siempre es el
Acápite de un árbol partido por el
Rayo de la venganza, no siempre
Son los Hunos casuales
Que vuelven a cabalgar, sobre
La incandescencia de las heridas
Expuestas a un perdón extraviado,
Pero el solo decirla, es romperse en
El alma en mil esquirlas, que hieren
La sobriedad de quien la escucha,
Y parte, trocado, a la nada… que
Lo asecha, que lo atisba,
Sin el remordimiento
De un dedo justiciero, en el
Ostracismo irredento, de caer
Vencido y sediento de perdón.
El decir adiós;
Una gota más, horadando el
Silencio de quien huye de sí mismo,
De quien entiende o no quiere
Comprender, la soledad de su
Sombra, difuminándose, sobre un
Horizonte constante y vertiginoso.
El decir adiós;
Sin Dios…
Una palabra que enluta,
Que te lleva al fin o a empezar
Nuevamente, sobre las cenizas
Claro oscuras de un desvarío
Profano.
No siempre esa palabra, se dice
Con desdén, no siempre es el
Acápite de un árbol partido por el
Rayo de la venganza, no siempre
Son los Hunos casuales
Que vuelven a cabalgar, sobre
La incandescencia de las heridas
Expuestas a un perdón extraviado,
Pero el solo decirla, es romperse en
El alma en mil esquirlas, que hieren
La sobriedad de quien la escucha,
Y parte, trocado, a la nada… que
Lo asecha, que lo atisba,
Sin el remordimiento
De un dedo justiciero, en el
Ostracismo irredento, de caer
Vencido y sediento de perdón.
El decir adiós;
Una gota más, horadando el
Silencio de quien huye de sí mismo,
De quien entiende o no quiere
Comprender, la soledad de su
Sombra, difuminándose, sobre un
Horizonte constante y vertiginoso.
El decir adiós;
Sin Dios…