Mirna Vásquez
Poeta recién llegado
He llegado al atardecer de mis días, dónde la vida me permite aún desfilar
con elegancia y despedirme de la juventud con dignidad.
Tirar besos al horizonte a todos mis amores y hacer reverencias a Dios,
mostrando gratitud por su benevolencia.
Ha llegado el momento de No pedir, sino dar gracias, de abrazar las penas y angustias
y amarlas tal como las alegrías. Las lágrimas corren por mis mejillas
porque nada volverá a ser como antes: la pasión, la sensualidad, la lozanía, el placer.
No tengo mucho que ofrecer amor tardío, sólo la nostalgia de lo que pudo ser.
Trataré que tu recuerdo permanezca en el brillo de mis ojos y dónde la vida me lleve,
estarás ahí en la ilusión y en ese sueño bello que una vez tuvimos.
con elegancia y despedirme de la juventud con dignidad.
Tirar besos al horizonte a todos mis amores y hacer reverencias a Dios,
mostrando gratitud por su benevolencia.
Ha llegado el momento de No pedir, sino dar gracias, de abrazar las penas y angustias
y amarlas tal como las alegrías. Las lágrimas corren por mis mejillas
porque nada volverá a ser como antes: la pasión, la sensualidad, la lozanía, el placer.
No tengo mucho que ofrecer amor tardío, sólo la nostalgia de lo que pudo ser.
Trataré que tu recuerdo permanezca en el brillo de mis ojos y dónde la vida me lleve,
estarás ahí en la ilusión y en ese sueño bello que una vez tuvimos.