FernandoLacrimae
Poeta recién llegado
¡
Adiós! Me despido. Ha llegado el momento de partir.
Me retiro de este lugar
rodeado por lúgubres deseos
de sublevación sin vida.
Dejo atrás a todos mis seres queridos:
arañas, gusanos, cuervos, buitres.
Y en mis ojos se posan
pequeñas lágrimas de sangre
que escurren lenta y tristemente,
dejando en mi rostro
líneas rojas y húmedas
de muerta melancolía.
La vida es una mentira
creada para los ingenuos.
Es un engaño pueril prefabricado,
la falacia en su máxima expresión,
vaga, mundana, sencillamente irrelevante.
La indecencia estigmatizada,
vulgaridad desvaneciéndose,
inmortalidad que desaparece,
mentiras y más mentiras.
Todo eso es lo que dejaré al olvido
para tratar de morir en el recuerdo
de este mugriento mundo abstracto.
Con paso lento e inseguro,
camino fuera de esta urbe
llena de manchas grises,
manchas sin rostro, manchas sin ideas,
manchas sin pensamientos ni almas ni sentimientos;
manchas vivas que parecen exánimes
junto a lápidas de personas
que nunca existieron, ni lo harán.
Sin un último beso,
abandono mi linda y verde esperanza,
sin una última caricia dejo atrás
a la Musa que me enseño esta alocada danza.
Y al mirar atrás, veo mil musas más,
todas muertas y olvidadas,
con su rostro borrado del recuerdo.
Sonrisas bañadas de perfecta hipocresía,
miradas absolutamente vacías,
adornadas con pinturas y fotografías
de vidas pasadas que se hundieron
en un lodoso y olvidadizo pantano.
Histéricas risas girando en mi cabeza,
tratando de engañarme para que ya no mire atrás,
pero sus hilarantes esfuerzos son en vano.
Hojas en blanco se consumen
en las llamas que danzan y ríen
y saltan al vacío son fin en señal de burla,
burla a nuestra inmortalidad,
burla a su mortalidad,
burla a todo lo que no carcome el deseo de vida.
Me retiro de este lugar
rodeado por lúgubres deseos
de sublevación sin vida.
Dejo atrás a todos mis seres queridos:
arañas, gusanos, cuervos, buitres.
Y en mis ojos se posan
pequeñas lágrimas de sangre
que escurren lenta y tristemente,
dejando en mi rostro
líneas rojas y húmedas
de muerta melancolía.
La vida es una mentira
creada para los ingenuos.
Es un engaño pueril prefabricado,
la falacia en su máxima expresión,
vaga, mundana, sencillamente irrelevante.
La indecencia estigmatizada,
vulgaridad desvaneciéndose,
inmortalidad que desaparece,
mentiras y más mentiras.
Todo eso es lo que dejaré al olvido
para tratar de morir en el recuerdo
de este mugriento mundo abstracto.
Con paso lento e inseguro,
camino fuera de esta urbe
llena de manchas grises,
manchas sin rostro, manchas sin ideas,
manchas sin pensamientos ni almas ni sentimientos;
manchas vivas que parecen exánimes
junto a lápidas de personas
que nunca existieron, ni lo harán.
Sin un último beso,
abandono mi linda y verde esperanza,
sin una última caricia dejo atrás
a la Musa que me enseño esta alocada danza.
Y al mirar atrás, veo mil musas más,
todas muertas y olvidadas,
con su rostro borrado del recuerdo.
Sonrisas bañadas de perfecta hipocresía,
miradas absolutamente vacías,
adornadas con pinturas y fotografías
de vidas pasadas que se hundieron
en un lodoso y olvidadizo pantano.
Histéricas risas girando en mi cabeza,
tratando de engañarme para que ya no mire atrás,
pero sus hilarantes esfuerzos son en vano.
Hojas en blanco se consumen
en las llamas que danzan y ríen
y saltan al vacío son fin en señal de burla,
burla a nuestra inmortalidad,
burla a su mortalidad,
burla a todo lo que no carcome el deseo de vida.