Zillah
Poeta recién llegado
Se reúnen los buenos parlanchines parlamentarios.
Falsos Eros caníbales que secuestran vírgenes, se
revolcaran sucios en savia artificial y semen. Ellos
prefieren las niñas francesas, esas que aun no tocan
la mandolina, pequeñas enamoradas del sol de otoño.
¡Yo amo a esos pequeños adefesios! Esos monstruitos
mantienen ocupado mi corazón, demonios vegetarianos
amantes de los heliotropos, hijas grises de la burocracia.
Las hembras pueriles descansan en mí, nos entrelazamos
en un nido de besos, gemidos y carnes que arden de deseo.
El oro de las niñas anónimas brilla en la orilla de la Estigia.
Voy en busca de sus espaldas arqueadas, que cuelgan de
los deprimentes sauces, voy en busca de sus ojos de topacio
y su pequeñas manos poéticas. Anhelo sus lenguas de cachorro
raquítico, muertas en mis sueños pero mas vivaces que el cielo.
Falsos Eros caníbales que secuestran vírgenes, se
revolcaran sucios en savia artificial y semen. Ellos
prefieren las niñas francesas, esas que aun no tocan
la mandolina, pequeñas enamoradas del sol de otoño.
¡Yo amo a esos pequeños adefesios! Esos monstruitos
mantienen ocupado mi corazón, demonios vegetarianos
amantes de los heliotropos, hijas grises de la burocracia.
Las hembras pueriles descansan en mí, nos entrelazamos
en un nido de besos, gemidos y carnes que arden de deseo.
El oro de las niñas anónimas brilla en la orilla de la Estigia.
Voy en busca de sus espaldas arqueadas, que cuelgan de
los deprimentes sauces, voy en busca de sus ojos de topacio
y su pequeñas manos poéticas. Anhelo sus lenguas de cachorro
raquítico, muertas en mis sueños pero mas vivaces que el cielo.