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ORTIZ09

Poeta recién llegado
Arrebaté un momento de locura mientras tus ojos me miraban,

la insensatez de mis dedos al invadir tu nombre
sobrepasa cualquier ayer de tumultos y deseos perdidos,
que ahora son alegrías en tu cuello,
y ya no el desconsuelo de algo más que un adiós.

Disfrazo de melancolía mis intensiones de amarte
y tartamudear en tu boca, de llevarte y encontrarte,
desnudar tu sonrisa y comunicarte lo que ya sabes
y que siempre me invitaré a contar,
que eres el comienzo alarmante
y aún constante que no puedo ya dejar.

Robé versos de tu costado izquierdo
y los plasmé en mi emoción;
tras haberte contemplado abrazada a mi silueta,
involucro a tus sueños olvidados en el cielo
con la balsa que me trajo a tu suelo y que hoy te acarició;
colecciono tus pisadas, me emborracho de miradas
y hoy te puedo ya decir, que eres ese instante de mi vida,
me inclino y de rodillas no te puedo ya mentir.

Imagino que vuelves a saciar mis ansias
con el agua de tu ombligo,
y me vuelvo el mendigo que te pide una canción,
la sorpresa en tu voz o el silencio de tu espalda
que me deja respirar asfixiando los recuerdos;
encelo a mi almohada con tu espacio aún vacante
y ahora el caminante de tu pensamiento quiero ser,
para subirte y no bajarte de la sintonía de estarte amando,
y poder seguir olvidando que sólo soy un simple escritor.

Aprecié con soltura tu andar y tu rompiente amanecer,
ya vuelvo a desvestirte en la melodía que sale de mi pecho,
y comulgo de tu aliento irresistible e impalpable
que me mantiene la modestia de tocarte
y parodiar al poeta que me habló de desamor,
de esa teoría que ya se ha vuelto una osadía
al creerte aferrada a mi imaginación.

Notar el buen trayecto a tu rostro descubierto
amplía las posibilidades de equinoccio en diciembre,
y sigo siendo el culpable de besarte y abrazarte en la frente,
para después ya inventar una historia a tu lado,
y convertirme en el soldado que te obligue a ser feliz.

Adriana yo te llamo,
y si digo que te amo podría ser verdad,
que la ergonomía de tu cuerpo para el mío
no fue más que un desafío que logré vencer ayer;
resguardarte entre mis ramas
y aficionado a tus faldas es como quiero yo vivir,
ahuyentarte y contagiarte de mi verso en cuestión,
hasta tenerte y presagiarte,
aunque esto no sea más que un intento de rondó,
un poema mal escrito, o una llana declaración de amor.
 
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