dizzáor favila
Poeta recién llegado
[CENTER]AMIGOS[/CENTER]
Hola navaja de afeitar, hace tiempo no siento tu calor en mis puntos de palpitación, hace años que no me visita tu satisfacción sanguínea, aquí no hay muchas cosas nuevas para platicarte, tus amados sentimientos que te daban razón para existir aun recurren mi mente, siguen siendo totales y abominables, sólo que ahora son tolerantes y me dejan cohabitar, no todo les pertenecen, ahora vienen y se van, sólo llegan a su oscuro hogar a pernoctar, sólo desde las nueve de la noche arriban con sus afilados dientes, cenan mi memoria y pedazos de neuronas, el humo no los calma por que ya soy normal, de esos que se duelen sin remedio ni opción de huir, ¿recuerdas cuando éramos jóvenes?, en esas épocas lucia diferente, tenía cara de muerto que ahora sólo uso para atemorizar a los que pretendan amarme, para ahuyentar a los malos pensamientos que se me impregnan como lluvia asida, todo sigue igual pero te extrañaba, extrañaba como me ardes en la piel, como me abres la envoltura para que el alma de un respiro, extrañaba sentir el agua caliente de la ducha sobre tus amorosas marcas, tus caminos rojos indelebles en mis brazos, extrañaba ver correr tu roja saliva que me hacía no pensar y sólo sentir, que buenos tiempos aquellos en que sólo me interesaba llegar a la intimidad de mi baño y pasar horas haciendo incisiones en mis antebrazos, lo justo para no matarme pero lo necesario para sufrir del exterior, lo suficiente para alejarme de la amargura.
Hola navaja de afeitar, hace tiempo no siento tu calor en mis puntos de palpitación, hace años que no me visita tu satisfacción sanguínea, aquí no hay muchas cosas nuevas para platicarte, tus amados sentimientos que te daban razón para existir aun recurren mi mente, siguen siendo totales y abominables, sólo que ahora son tolerantes y me dejan cohabitar, no todo les pertenecen, ahora vienen y se van, sólo llegan a su oscuro hogar a pernoctar, sólo desde las nueve de la noche arriban con sus afilados dientes, cenan mi memoria y pedazos de neuronas, el humo no los calma por que ya soy normal, de esos que se duelen sin remedio ni opción de huir, ¿recuerdas cuando éramos jóvenes?, en esas épocas lucia diferente, tenía cara de muerto que ahora sólo uso para atemorizar a los que pretendan amarme, para ahuyentar a los malos pensamientos que se me impregnan como lluvia asida, todo sigue igual pero te extrañaba, extrañaba como me ardes en la piel, como me abres la envoltura para que el alma de un respiro, extrañaba sentir el agua caliente de la ducha sobre tus amorosas marcas, tus caminos rojos indelebles en mis brazos, extrañaba ver correr tu roja saliva que me hacía no pensar y sólo sentir, que buenos tiempos aquellos en que sólo me interesaba llegar a la intimidad de mi baño y pasar horas haciendo incisiones en mis antebrazos, lo justo para no matarme pero lo necesario para sufrir del exterior, lo suficiente para alejarme de la amargura.