Afortunados.
Aquellos,
quienes miran con la mirada inocente de un niño,
y no les hace falta, decir palabra alguna,
para demostrar que son limpios de corazón.
Quienes,
dueños son,
de la palabra sabia del anciano,
y aúnan en su juventud el verbo calmado,
para apaciguar el fuego de la inexperiencia,
convirtiéndolo en escudo contra la maldad.
Afortunados,
los que pueden ver,
la sonrisa del mañana,
en el hoy de un gran tormento.
Los que nunca sueltan la mano de la esperanza,
los que luchan por no hundirse,
así el fango les esté dando por el cuello.
Afortunados,
los que siempre tienen una razón
para vivir el día,
los que siempre dan las gracias
al llegar la noche,
los que tienen las manos,
no solo para rascarse la cabeza,
cuando la tormenta llega.
Afortunados,
los que ya pagaron su karma con creces
en esta vida,
y listos están para la próxima.
Los que tienen consuelo.
Aquellos, para quienes hubo bendición del cielo.
Afortunado yo,
al haberte encontrado en esta vida, amor mío,
perfecta, como si de antes ya te hubiera conocido.
Afortunado de ti,
quien has curado mis heridas,
y a mi espíritu alegría has traído.
Afortunado yo,
por tener tu pecho amor mío,
muro de mis lamentos,
afortunadas, mis manos por tus manos,
altar de mi esperanza.
Déjame ser, para ti la calma,
sepultura de tus pesares,
el manantial que calme tus angustias,
cuando la sed llegue a tus labios.
Déjame ser,
la mano afortunada
que estreche la tuya antes de morir,
para llevarte conmigo,
al mas allá...
L.O.D.M.
1-2006
COHELETT
Aquellos,
quienes miran con la mirada inocente de un niño,
y no les hace falta, decir palabra alguna,
para demostrar que son limpios de corazón.
Quienes,
dueños son,
de la palabra sabia del anciano,
y aúnan en su juventud el verbo calmado,
para apaciguar el fuego de la inexperiencia,
convirtiéndolo en escudo contra la maldad.
Afortunados,
los que pueden ver,
la sonrisa del mañana,
en el hoy de un gran tormento.
Los que nunca sueltan la mano de la esperanza,
los que luchan por no hundirse,
así el fango les esté dando por el cuello.
Afortunados,
los que siempre tienen una razón
para vivir el día,
los que siempre dan las gracias
al llegar la noche,
los que tienen las manos,
no solo para rascarse la cabeza,
cuando la tormenta llega.
Afortunados,
los que ya pagaron su karma con creces
en esta vida,
y listos están para la próxima.
Los que tienen consuelo.
Aquellos, para quienes hubo bendición del cielo.
Afortunado yo,
al haberte encontrado en esta vida, amor mío,
perfecta, como si de antes ya te hubiera conocido.
Afortunado de ti,
quien has curado mis heridas,
y a mi espíritu alegría has traído.
Afortunado yo,
por tener tu pecho amor mío,
muro de mis lamentos,
afortunadas, mis manos por tus manos,
altar de mi esperanza.
Déjame ser, para ti la calma,
sepultura de tus pesares,
el manantial que calme tus angustias,
cuando la sed llegue a tus labios.
Déjame ser,
la mano afortunada
que estreche la tuya antes de morir,
para llevarte conmigo,
al mas allá...
L.O.D.M.
1-2006
COHELETT