Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los listones de tu falda recortados a dos besos
los mechones de mi lengua sin forjar,
las estrellas con violencia entre los huesos
y tu boca, capital de mi ciudad.
Afrodita resucitando entre la arena
Melchor sin Gaspar ni Baltasar,
inundación de quiero y que me quieras
laberintos de dos para desear.
Quiéreme aunque yo sea tan idiota
aunque se extravíe la locura de mirar,
quiéreme aunque salten las cenizas
que esta hoguera no se nos vaya a apagar.
Te cedo mis memorias si es que tengo
la amnesia es mi sueño de libertad,
las teclas en que escribo mi veneno
son las alas que busqué para volar.
Almidóname el seudónimo y hasta el nombre
conjúrame un letargo para olvidar,
hay días en que el sol está de vacaciones,
si te beso, bésame que quiero más.
Las reliquias del templo de Salomón
las hallé y las tomé para jugar,
el tesoro que encontré y me volvió loco
son los ojos que te quiero besar.
Quiéreme aunque yo sea tan poca cosa
aunque hayan millones de don Juan,
quiéreme y perdona que no tenga
un castillo en el que puedas reinar.
Afrodita resucitando en tus venas
besos libres sin prisión ni vanidad,
Afrodita recuerda que esta condena
contigo es más fácil de llevar.
los mechones de mi lengua sin forjar,
las estrellas con violencia entre los huesos
y tu boca, capital de mi ciudad.
Afrodita resucitando entre la arena
Melchor sin Gaspar ni Baltasar,
inundación de quiero y que me quieras
laberintos de dos para desear.
Quiéreme aunque yo sea tan idiota
aunque se extravíe la locura de mirar,
quiéreme aunque salten las cenizas
que esta hoguera no se nos vaya a apagar.
Te cedo mis memorias si es que tengo
la amnesia es mi sueño de libertad,
las teclas en que escribo mi veneno
son las alas que busqué para volar.
Almidóname el seudónimo y hasta el nombre
conjúrame un letargo para olvidar,
hay días en que el sol está de vacaciones,
si te beso, bésame que quiero más.
Las reliquias del templo de Salomón
las hallé y las tomé para jugar,
el tesoro que encontré y me volvió loco
son los ojos que te quiero besar.
Quiéreme aunque yo sea tan poca cosa
aunque hayan millones de don Juan,
quiéreme y perdona que no tenga
un castillo en el que puedas reinar.
Afrodita resucitando en tus venas
besos libres sin prisión ni vanidad,
Afrodita recuerda que esta condena
contigo es más fácil de llevar.
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