poetamaldita
Poeta recién llegado
Afuera llueve a cántaros; y creo que te amo.
Porque tu cuerpo encaja en el mío como en el firmamento los astros,
Y de este mundo que erigimos no se escapa el menor de los suspiros.
Ya que mientras el mundo afuera se torna gris y frío,
Entre tu corazón y el mío nacen mundos vastos.
Porque mis manos temblorosas alertaron tu mirada
Y con la mayor de las simplezas me colocaste tu chaqueta mojada;
Cuando e viento te rozó con sus garras afiladas,
Yo deposité un beso en tu mejilla, porque supe que te amaba.
Y ahora, es un mundo silencioso el que nos cobija,
Dentro de tu pulgar y el mío se une une una caricia.
Bajo las sábanas y siguiendo la curva de tu espalda,
Se esconde un recóndito latido que galopa al son de tu mirada.
La lluvia no cesa; son gotas ínfimas las que tamborilean en el mundo lejano del alféizar, y ahora sé que te quiero.
Te quiero como el canto de los zorzales en la mañana
Cuando el rocío se derrite y fluye libre por la tierra llana.
Y suenan las campanas del puerto a lo lejos, sobre las calles mojadas,
Y es ahí cuando despierto reposando dulcemente; mi alma con tu alma.
También están esas mañanas, cuando no te quieres levantar,
Y es el dulce aroma que recorre estas murallas el único que te persuade a despertar.
Entonces sé que podría remar en desiertos, que combatiría el viento y el mar,
Solo con la esperanza de ver al alba abrazar tu figura, y que de mis caricias nazca en tu boca una sonrisa;
Y que un par de ojos somnolientos se abra ante mí de par en par.
Y ya no se siente como quererte; se siente como amar.
Afuera ya no llueve; y me encuentro con estos pensamientos en el más vivaz de los silencios.
Porque tu cuerpo encaja en el mío como en el firmamento los astros,
Y de este mundo que erigimos no se escapa el menor de los suspiros.
Ya que mientras el mundo afuera se torna gris y frío,
Entre tu corazón y el mío nacen mundos vastos.
Porque mis manos temblorosas alertaron tu mirada
Y con la mayor de las simplezas me colocaste tu chaqueta mojada;
Cuando e viento te rozó con sus garras afiladas,
Yo deposité un beso en tu mejilla, porque supe que te amaba.
Y ahora, es un mundo silencioso el que nos cobija,
Dentro de tu pulgar y el mío se une une una caricia.
Bajo las sábanas y siguiendo la curva de tu espalda,
Se esconde un recóndito latido que galopa al son de tu mirada.
La lluvia no cesa; son gotas ínfimas las que tamborilean en el mundo lejano del alféizar, y ahora sé que te quiero.
Te quiero como el canto de los zorzales en la mañana
Cuando el rocío se derrite y fluye libre por la tierra llana.
Y suenan las campanas del puerto a lo lejos, sobre las calles mojadas,
Y es ahí cuando despierto reposando dulcemente; mi alma con tu alma.
También están esas mañanas, cuando no te quieres levantar,
Y es el dulce aroma que recorre estas murallas el único que te persuade a despertar.
Entonces sé que podría remar en desiertos, que combatiría el viento y el mar,
Solo con la esperanza de ver al alba abrazar tu figura, y que de mis caricias nazca en tu boca una sonrisa;
Y que un par de ojos somnolientos se abra ante mí de par en par.
Y ya no se siente como quererte; se siente como amar.
Afuera ya no llueve; y me encuentro con estos pensamientos en el más vivaz de los silencios.