BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Por pinares antiguos,
y por agujeros de madrigueras,
por sombras y gestos, y reinos
llenos de hielo y belleza.
Por arcaicas piedras filosofales,
y por miembros de tarde acaecidos,
por trajes salvaguardas de edificios
acantonados.
Por llamaradas de besos recién construidos,
y culminaciones de versos, por doctorales
pechos de hombre materno, y por hijos
apócrifos de luna incesante.
Por caminos torcidos como dientes,
por senderos minúsculos como almas,
y por vías lácteas como sumideros de semillas.
Por trapos que lavan alféizares de ventanas enturbiadas,
y por conjuntos de trenes olvidados en su penumbra quieta.
Por lavatorios señalados, por frentes ensangrentadas,
por cosas que se limpian, y por galaxias inocentes.
Por torsos desnudos como cosas de llaves,
por amplitudes de pájaros con ondas solitarias,
por contenedores de palabras y adverbios,
y por señales de profetas que abarcan el hueco de un diente.
Entre multitudes; con colas de aves, con regocijo eterno,
con luminosidades escrutadas bajo imperios de ojos y pestañas.
Con construcciones derribadas; con latitudes infinitas
que se agolpan de imprevisto, bajo los ruidos de las catedrales,
aquellos monasterios insensibles, aquellas iglesias prístinas,
templos de aire, plumas, palabras.
Con estratos de huevas, carcomidas almendras, con lenguas
de gato, y sombrías emanaciones; con gesticulados labios,
en expresiones irreverentes, y en el techo, colgando como galeotes,
antiguas tripas de cerdo.
©
y por agujeros de madrigueras,
por sombras y gestos, y reinos
llenos de hielo y belleza.
Por arcaicas piedras filosofales,
y por miembros de tarde acaecidos,
por trajes salvaguardas de edificios
acantonados.
Por llamaradas de besos recién construidos,
y culminaciones de versos, por doctorales
pechos de hombre materno, y por hijos
apócrifos de luna incesante.
Por caminos torcidos como dientes,
por senderos minúsculos como almas,
y por vías lácteas como sumideros de semillas.
Por trapos que lavan alféizares de ventanas enturbiadas,
y por conjuntos de trenes olvidados en su penumbra quieta.
Por lavatorios señalados, por frentes ensangrentadas,
por cosas que se limpian, y por galaxias inocentes.
Por torsos desnudos como cosas de llaves,
por amplitudes de pájaros con ondas solitarias,
por contenedores de palabras y adverbios,
y por señales de profetas que abarcan el hueco de un diente.
Entre multitudes; con colas de aves, con regocijo eterno,
con luminosidades escrutadas bajo imperios de ojos y pestañas.
Con construcciones derribadas; con latitudes infinitas
que se agolpan de imprevisto, bajo los ruidos de las catedrales,
aquellos monasterios insensibles, aquellas iglesias prístinas,
templos de aire, plumas, palabras.
Con estratos de huevas, carcomidas almendras, con lenguas
de gato, y sombrías emanaciones; con gesticulados labios,
en expresiones irreverentes, y en el techo, colgando como galeotes,
antiguas tripas de cerdo.
©