Agonía de un ángel caído
Asfixiantes ambientes de la oscura humedad, derriban y lapidan mis ganas de respirar, no hay sol que alumbre alguna esperanza, no hay cielo que pueda ver por la ventana, no hay nada que me acompañe salvo esta asfixia, fría, húmeda y aguda que tengo arraigada junto a mis estratosféricos sueños perdidos.
Me llama el eco del aire muerto que abunda entre las lápidas de un cementerio de espíritu desgarrante y acompañado por la pestilencia en los suelos verdes que la adornan y la sal que seca cada gota de humedad de vida existente
Olor redundante a huesos podridos envueltos en aura sacrílega que despiden colores similares a los de la reina muerte, y en donde el alma más oscura del otro mundo perdería la vida que alguna vez se le concedió por misericordia, y que volverán aullando terror en demasía por cada rincón del vacío y oscuro camino hacia el averno
El apocalíptico suspiro de la muerte me llama al oído y expresa su gloriosa misericordia ante esta pobre alma en pena y ayuda a partir a la muerte esperada. Y cuando llego hay dos pilares y una gran puerta, y en la puerta se encuentra un rostro, y es el mío, es el rostro de la muerte, yo soy mi propia muerte.
Asfixiantes ambientes de la oscura humedad, derriban y lapidan mis ganas de respirar, no hay sol que alumbre alguna esperanza, no hay cielo que pueda ver por la ventana, no hay nada que me acompañe salvo esta asfixia, fría, húmeda y aguda que tengo arraigada junto a mis estratosféricos sueños perdidos.
Me llama el eco del aire muerto que abunda entre las lápidas de un cementerio de espíritu desgarrante y acompañado por la pestilencia en los suelos verdes que la adornan y la sal que seca cada gota de humedad de vida existente
Olor redundante a huesos podridos envueltos en aura sacrílega que despiden colores similares a los de la reina muerte, y en donde el alma más oscura del otro mundo perdería la vida que alguna vez se le concedió por misericordia, y que volverán aullando terror en demasía por cada rincón del vacío y oscuro camino hacia el averno
El apocalíptico suspiro de la muerte me llama al oído y expresa su gloriosa misericordia ante esta pobre alma en pena y ayuda a partir a la muerte esperada. Y cuando llego hay dos pilares y una gran puerta, y en la puerta se encuentra un rostro, y es el mío, es el rostro de la muerte, yo soy mi propia muerte.