Antonio Navarro Arias
Poeta recién llegado
Uno a uno arranqué todos mis cabellos largos
los usé como brocha de pintor bohemio y fracasado
me comí todas las uñas de los dedos de mis manos
y sujeté tu nombre entre las páginas de un libro.
El humo del cigarro abrigó mi lengua hasta hacerla tiritar
y no pude gritar tu nombre en la madrugada vigilante
cuando el café pasado y el cigarro inquisidor se enamoraron
y en el cielo los ángeles se morían de ansiedad.
Miré tu espalda detrás de mi ventana y te dejé ir
con pedazos de mi piel colgando de tu bolso y
mi nostalgia perdida en los bolsillos de tu saco
y no supiste escuchar el llanto del atardecer.
Ni tampoco, que la noche agonizaba en mis ojos negros
y que la lluvia era aguacero de mi alma destruida
por eso tu gesto de poeta entristeció el amanecer
hasta volverse ingenua tu risa endemoniada ¡poesía!