Presumida arrogante, la tierra
se inclinó furiosa, acomodó sus ropas,
pintó sus labios
de sangre.
Hermosa, cautivante con aire señorial,
la cara oculta bajo un sombrero,
y en el rostro marcadas,
replicas faciales, muecas telúricas.
Tiemblan nuestros corazones!
Llanto de selva peruana,
hoy perfuma su piel,
entre rugido y rugido vestidos prueba,
sin saber que cambia,
un pueblo su destino.
y se olvida,
que su belleza será apreciada,
por su cuerpo desnudo,
que una sola prenda viste
la vida.