Boddah
Poeta recién llegado
Y así ella le dijo adiós: a él, a su amor, a sus recuerdos, a los vestigios, más no a su dolor.
Limpió cada hueco de su alma del cariño que emanaba y le roció gasolina.
Sólo faltaba el detalle del fuego, que de ningún lugar conseguía retener.
Ese fuego que todo lo destruye con su orgullo, con su coraje e incontrolable ser
que todo recuerdo aniquila. Es el único que puede matar al amor y a la vez encenderlo.
Fuego, origen y fin de lo más bello que ella hubo conocido.
Todos le prestaban un cerillo,
pero ella se empeñaba en utilizarlo para prender llamas a sus vestidos,
a su carne, a su conciencia y dejar sólo libre al corazón
quien actuaba como un estúpido detrás de los pasos de él
quien ya se había ido.
¿Alguien que me preste una lumbre,
una lasca de fuego para extinguir este recuerdo,
pero que quede lo suficiente
para emprender de vida de nuevo a mi alma?
Limpió cada hueco de su alma del cariño que emanaba y le roció gasolina.
Sólo faltaba el detalle del fuego, que de ningún lugar conseguía retener.
Ese fuego que todo lo destruye con su orgullo, con su coraje e incontrolable ser
que todo recuerdo aniquila. Es el único que puede matar al amor y a la vez encenderlo.
Fuego, origen y fin de lo más bello que ella hubo conocido.
Todos le prestaban un cerillo,
pero ella se empeñaba en utilizarlo para prender llamas a sus vestidos,
a su carne, a su conciencia y dejar sólo libre al corazón
quien actuaba como un estúpido detrás de los pasos de él
quien ya se había ido.
¿Alguien que me preste una lumbre,
una lasca de fuego para extinguir este recuerdo,
pero que quede lo suficiente
para emprender de vida de nuevo a mi alma?