Agradecimientos / FRAG.

carlos lopez dzur

Poeta que considera el portal su segunda casa
[De «homenaje a las tortas»]

Ya que las penas con pan son menos,
el doliente por la cruz
de cada horror y desventura,
pedirá lo concreto:
divinidad hecha avena,
Dios en la enchilada engrandecido,
Cristo en el plato cotidiano de frijoles,
el Padre en carne y hueso y su Cordero
guisado de la misma manera.

La iglesia del creyente,
donde haya anemia, famélicos
hijos de exilio, huérfanos en masa
sin herejes ni profetas en los montes,
que vaya al restaurant de Dios,
a la fonda del Supremo,
a los alambiques, donde se destila
vino fresco y leche de vírgenes
y pida su evangelio de mole
y tarros de mofongo
y que haya rezos antes de catar el atole
y ánimo de devorar patas de puerco.

Que el catecismo se diga
a los que no han recibido la promesa
de un platico de mojo y sus botanas
porque la última cena, sin buen desayuno,
son cantos de sirena y muina teologal,
pinche Cuaresma.

Quien no haya visto la Tierra de Leche
y Miel, pierda cuidado...
¡La fe es un río de leche hervida
y el salmo una mamila
para quien chupar es lo que quiere!

Dios es el paladar de los sedientos.
En los cantos del desierto,
los que andan de acá para allá,
vestidos de andrajos y descalzos,
a Dios que lo busquen en los puestos de carnitas.

¡Ellos los necesitan de la boca al estómago,
sin otras cátedras de sotanudos a sueldo,
moraloide civismo de los sábados
donde el reposo es falso porque es hambre
y la frailuna mojigatería, muy dominguera,
nada compadece y consolida
que no sean palabras
huecas y triviales,
discursos del montón, tirria!

¡Despierten los hambrientos,
que es hora de los sopes,
despierten ya
que los chorizos danzan en la lumbre
y aroma grato son al Padre de abundancia!
¡A Dios dan aleluya, más que las rodillas!

Griten, con fervor subversivo
y pasión de locos de remate,
por el Dios concreto que salva,
que redime, bendice y honra,
a su iglesia en el estómago lleno
y el corazón contento.

¡Que viva el festín del Templo Torta,
el tabernáculo del niño sin hambre,
el altar de la salud
entre aquellos que padecieron
por las culpas de cuantos han comido bien
en sus mansiones y les sobra
para el lujo y el capricho!

Que ya no sufren más quienes han sido
miserables sin culpa,
los inocentes del oprobio,
los olvidados del progreso,
porque Dios se hizo íntimo, personal, biológico
en sabrosa barbacoa de chivo y albóndigas
con queso parmesano.

Dios, si no es concreto,
¿para qué sirve?

En vano, se lo llamará el justo y el consolador,
en vano, se nombrarán sus formas de milagro.
Alégrate, multitud del hambre,
Dios te observa con cara de pescado frito.
Suéñalo en la birria y en blando guachinango.
Pruébalo en la taza de garbanzos
y en tu plato de calabacitas y congrí.

Los que anduvimos de acá para allá
(buscando la mezquita)
detuvimos el peregrinaje
porque el Santo hizo señal en la panocha.
Dulce fue a nuestros labios.
Se manifestó tan ricamente
que la oración se hizo profunda,
agradecida,
y hablamos en lenguas de bello cagar
y echando pedos de amor,
tripas en salmos de contentamiento.

¡Señor del maíz y las bananas,
hojuelita de miel de cada mañana,
bendito seas cuando te desayuno
y en la sublime tortilla con chilitos,
te dispensas y me dialogas
tan tiernamente que te quiero!

Tu espíritu se confirma en mis tripitas
porque soy tu creación,
tu poema, tu texto
en carne y hueso
y por eso, me honras
cuando el pudín me das de postre
o crema de huevo, o tulangas, o batidos
de papaya, o jugo de limón o de naranjas.

Dulces son tus mandamientos
cuando sabes a ajonjolí y pasta de guayaba.
Noblemente me enriqueces cuando no faltas
a quienes amo y a quienes odio,
porque yo sé que el hambre es injusticia
que tú no perdonas y que haces milagros
en el agua del bautismo para que no haya
secos cuerpos, con sedientas almas...
Amén.


Publicado en la Revista Argos, Núm. 16
(Octubre-Diciembre de 2000), México
 

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