danie
solo un pensamiento...
Agua del silencio
que se derrama como néctar narcótico
que duerme a las flores,
a las primaveras varadas en un zanjón
y sus arboledas mudas de sueños.
Como rocío que moja las venas
y deja heridas abiertas sin cicatrizar
sobre la espesa llanura,
sobre el desierto que vaga somnoliento
en los bosquejos de un retrato
del espectro de mi sombra añeja.
Agua del silencio
que corre como un río
que fecunda a mi sangre con el mutismo afónico
de la voz de mi tiempo.
Tiempo vacío y bohemio
que se encuentra preso dentro de una urna
lacrada con las cenizas de la historia humana,
con las empolvadas reminiscencias
de los pasos del hombre
sobre este manto fugaz de luz
que envuelve a mi universo.
Sordina lluvia que surge de mis ojos
y riega las umbrías semillas
de constipadas sendas de vida,
en donde los hados peregrinos
construyen, para luego derrumbar,
los castillos de mis quimeras y utopías de sal.
Agua del silencio
que me alimenta y me debilita
Me sustenta de voces muertas,
fantasmagóricas proezas,
ideales ciegos y sordos,
suertes libradas a un azar
de cenicientas y enviudadas glorias.
Que engendran a un Hércules de borrascosas tristezas
Un colosal cíclope nacido de las noches de mi silente,
que no puedo aislar en mi cuerpo,
no puedo contenerlo con mis tapias
de mustios helechos,
y se libra rompiendo mis huesos de cristal.
Así grito segado
el acuoso silencio;
dejo que corra y desemboque en el infinito piélago
de mis ensueños ahogados en las fauces del mar.
que se derrama como néctar narcótico
que duerme a las flores,
a las primaveras varadas en un zanjón
y sus arboledas mudas de sueños.
Como rocío que moja las venas
y deja heridas abiertas sin cicatrizar
sobre la espesa llanura,
sobre el desierto que vaga somnoliento
en los bosquejos de un retrato
del espectro de mi sombra añeja.
Agua del silencio
que corre como un río
que fecunda a mi sangre con el mutismo afónico
de la voz de mi tiempo.
Tiempo vacío y bohemio
que se encuentra preso dentro de una urna
lacrada con las cenizas de la historia humana,
con las empolvadas reminiscencias
de los pasos del hombre
sobre este manto fugaz de luz
que envuelve a mi universo.
Sordina lluvia que surge de mis ojos
y riega las umbrías semillas
de constipadas sendas de vida,
en donde los hados peregrinos
construyen, para luego derrumbar,
los castillos de mis quimeras y utopías de sal.
Agua del silencio
que me alimenta y me debilita
Me sustenta de voces muertas,
fantasmagóricas proezas,
ideales ciegos y sordos,
suertes libradas a un azar
de cenicientas y enviudadas glorias.
Que engendran a un Hércules de borrascosas tristezas
Un colosal cíclope nacido de las noches de mi silente,
que no puedo aislar en mi cuerpo,
no puedo contenerlo con mis tapias
de mustios helechos,
y se libra rompiendo mis huesos de cristal.
Así grito segado
el acuoso silencio;
dejo que corra y desemboque en el infinito piélago
de mis ensueños ahogados en las fauces del mar.