agua dulce

ireneadler

Poeta recién llegado
Era una noche de invierno como ésta, miraba el techo al que le llegaba una tenue luz de luna. La lluvia golpeaba fuerte y en mi pieza sin puerta imaginaba que mis hermanos seguramente dormían, como niños que eran, iguales que yo, soñando con estrellas.
A ratos el viento hacía sonar los nogales, y me imaginaba que mi padre estaría por ahí, cercano, atento a cualquier sombra que pudiera perturbarme. ¿Cuántas noches fui feliz? ¿Cuántas noche tuve un padre?
Se pierden los recuerdos en esa inmensa casa ancestral. Los pasillos que daban hacia el sur y el norte y el ventanal hacia un poniente que siempre recuerdo como noche. Ese era el mundo. La noche era la promesa donde encontrar su abrazo. Te busqué incansable, querido padre, no te necesitaba, solo quería que estuvieras cerca. Esas noches fueron solitarias, pero las sombras de los árboles eran sombras dulces, que a ratos me alimentaban. Te recuerdo firme, ¿o eran los árboles? Trato de encontrar una memoria y solo tengo a los árboles. Padre, es lo que me pasa con él. ¿Cuántas noches fui feliz? Trato de encontrar una memoria y solo tengo a los árboles.
 

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