Aprendiz de Lunas
Poeta que considera el portal su segunda casa

Agua y arena
Cuando la noche es un niño
con su camisa de estrellas,
mi corazón se hace cielo,
el cielo mar, y tú arena…
Cuando la luna se enciende
de blanco azahar y hogueras,
se iluminan ilusiones
de labios, beso y condena…
Y cuando mis manos son,
duende, viento, surco y letras,
el silencio se hace grito,
alma, camino y carreta.
Deja que escupa esta furia
que me puede y me golpea,
que me hiere y que me asfixia,
que me apuñala y marea.
Que me ciega y me malvive,
paraliza y acelera,
que me refresca y me arde,
que me endulza y atormenta.
Déjame sangrar la herida
que en tu pecho se hace flecha
y que me beba la savia
de su eterna primavera…
Jazmín y rosa cautiva
Eso somos… ¿Quién lo niega?
Hoy le he preguntado a Dios
y me ha escrito este poema.
Ahora dime que sonríes,
¡que tus ojos son dos gemas!
y que tu pecho es un ave
sobrevolando mis letras…
Te quiero porque me quieres,
me quieres por lo que sea,
y no hay reja que encarcele
tu corona o mi bandera.
Me amas porque te amo,
te amo por lo que sea.
Deja que cuenten los ciegos,
las brujas y sus quimeras.
La noche es un espejismo
de blanco azahar y hoguera,
donde un niño y una niña
juegan con agua y arena…
Ricardo Martell
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