prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ah, nube, tu alma
ya empalada en la cumbre de la montaña,
ah, nube, tu herida
que, por si acaso, lleva crisantemos y cabras salvajes,
ah, nube, a su mirada
prendiste águilas de sangre que se lanzan
en el abismo de mi pecho,
ah nube, hoy no llueves, hoy no puedes,
hoy has recibido el beso.
Ah nube escondida detrás de la piel,
mi viento de alas cortadas no pudo salvarte.
Búscame, amor, allá.
Corta lo que tengas que cortar.
Y entra.
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