Alberto Amaris
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tus ojos,
¡Ah de tus hermosos ojos!,
hechiceros de este amor desmesurado
espejos cristalinos de mi ser enamorado
dueños de mis deseos y mis antojos.
¡Ah de tus hermosos ojos pardos!
cobijados con encrespadas pestañas
ojos que me tendieron telarañas
y me tienen prisionero y en resguardo
Sus miradas seducen mis sentidos
y dibujan mi sonrisa en las mañanas,
ojos que mi ausencia solo extrañan,
y se ven de tristeza decaídos
Al despertar el día yo los miro
y me veo retratado en sus entrañas,
ojos que no mienten, tampoco engañan
ojos que llenan mi vida de suspiros
Ah, de tus lindos ojos encendidos
llamaradas de calor en mi destino
dueños de mi vida y mi camino,
dueños de la mujer por mi amada
¡Ah tus ojos!
Tus hermosos ojos.
.
¡Ah de tus hermosos ojos!,
hechiceros de este amor desmesurado
espejos cristalinos de mi ser enamorado
dueños de mis deseos y mis antojos.
¡Ah de tus hermosos ojos pardos!
cobijados con encrespadas pestañas
ojos que me tendieron telarañas
y me tienen prisionero y en resguardo
Sus miradas seducen mis sentidos
y dibujan mi sonrisa en las mañanas,
ojos que mi ausencia solo extrañan,
y se ven de tristeza decaídos
Al despertar el día yo los miro
y me veo retratado en sus entrañas,
ojos que no mienten, tampoco engañan
ojos que llenan mi vida de suspiros
Ah, de tus lindos ojos encendidos
llamaradas de calor en mi destino
dueños de mi vida y mi camino,
dueños de la mujer por mi amada
¡Ah tus ojos!
Tus hermosos ojos.
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