LOLA PEREZ
Poeta veterano en el portal
Ahora, ya en el atardecer, que llama a la noche oscura y mientras,
la gran luna ilumina el mar, con broches en hilos de plata,
el alba va despertando aletargados amaneceres,
en el borde oscuro de una estrella rutilante.
Ahora.
Que bello es el amanecer con sus aromas,
impregnado el campo con un sabor a vainilla,
las madre selvas, juegan al corro con las margaritas,
aromatizando de sutiles vapores armónicos, todo el verde valle.
Estoy.
Limpiando mi espíritu de interminables penumbras, en el borde justo
del precipicio, donde la luz parecía que no daba paso a la esperanza,
al igual que las margaritas juegan con las madre selvas, mi alma
bebe en el caño de la fuente de la vida, así, al alba.
Bien.
Dejó el renacer del río en sus caudales, brisas
de alegres melodías, que recogiendo el agua de otros ríos,
nutría su esperanza y armonía, entre guitarras y laúdes, con sus finas
y tersas cuerdas, llenaron de placeres y sensitivos aromas el alma mía.
la gran luna ilumina el mar, con broches en hilos de plata,
el alba va despertando aletargados amaneceres,
en el borde oscuro de una estrella rutilante.
Ahora.
Que bello es el amanecer con sus aromas,
impregnado el campo con un sabor a vainilla,
las madre selvas, juegan al corro con las margaritas,
aromatizando de sutiles vapores armónicos, todo el verde valle.
Estoy.
Limpiando mi espíritu de interminables penumbras, en el borde justo
del precipicio, donde la luz parecía que no daba paso a la esperanza,
al igual que las margaritas juegan con las madre selvas, mi alma
bebe en el caño de la fuente de la vida, así, al alba.
Bien.
Dejó el renacer del río en sus caudales, brisas
de alegres melodías, que recogiendo el agua de otros ríos,
nutría su esperanza y armonía, entre guitarras y laúdes, con sus finas
y tersas cuerdas, llenaron de placeres y sensitivos aromas el alma mía.
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