Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
AHORA Y EN LA HORA DE MI MUERTE
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En constante amorío te tiene la tarde,
y en constante nostalgia me tiene el día;
en mi cielo hay ahora mil gaviotas tristes,
y un estero me canta su gran rebeldía
Mas ahora, en esta hora de recogimiento,
donde pinta la noche las estrellas claras,
veo a un ángel del cielo de pena durmiendo,
y veo a María con velas, con velas cansadas.
Dulce madre, más dulce que un millón de mieles,
ahora, en ésta hora de mi pensar profundo;
¿por qué no vienes con hachas que hicieron cinceles,
a echar abajo una selva de árboles fecundos?
Y digo en ésta hora de mirar animales,
en la selva que un día pintó Dios al mundo;
¿por qué sufres amor nuestras noches sagradas,
si son tuyas las noches de goce rotundo?
¿Por qué vienes a ésta, las horas de brega,
de un Dios de fuego que se torna un cristal;
más helado que un septentrional clavicordio,
que se pinta de luto por la aurora boreal?.
Deja que el norte siga gritando su sino,
y que el sur se quede con su hielo fugaz;
pero yo que camino con paso cansino,
te amaré hasta mi muerte, mi muerte tenaz.
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En constante amorío te tiene la tarde,
y en constante nostalgia me tiene el día;
en mi cielo hay ahora mil gaviotas tristes,
y un estero me canta su gran rebeldía
Mas ahora, en esta hora de recogimiento,
donde pinta la noche las estrellas claras,
veo a un ángel del cielo de pena durmiendo,
y veo a María con velas, con velas cansadas.
Dulce madre, más dulce que un millón de mieles,
ahora, en ésta hora de mi pensar profundo;
¿por qué no vienes con hachas que hicieron cinceles,
a echar abajo una selva de árboles fecundos?
Y digo en ésta hora de mirar animales,
en la selva que un día pintó Dios al mundo;
¿por qué sufres amor nuestras noches sagradas,
si son tuyas las noches de goce rotundo?
¿Por qué vienes a ésta, las horas de brega,
de un Dios de fuego que se torna un cristal;
más helado que un septentrional clavicordio,
que se pinta de luto por la aurora boreal?.
Deja que el norte siga gritando su sino,
y que el sur se quede con su hielo fugaz;
pero yo que camino con paso cansino,
te amaré hasta mi muerte, mi muerte tenaz.
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