JoanUribe
Poeta recién llegado
No digamos más, amada mía
Pues se nos ha agotado el tiempo sin saberlo
No nos queda nada de qué hablar, Porque ya no puede ser de día
Ni nada que se pueda perdonar, porque es muy tarde para hacerlo,
Y no podemos detener el tiempo, ni mucho menos devolverlo
Para que los dos advirtiésemos lo que venía,
Porque el precio a pagar por añorar el amor sin conocerlo
Es declarar por vencida la utopía.
Ahora ya no valen las fantasías que se hacían difusas
Porque solo nos quedan aquellas que se hacen las distantes,
Ni tampoco los “te quiero” que pronuncian nuestras bocas tan confusas,
Tan confusas Y tan frías, porque nunca hablaron antes,
Pues se nos pasó la vida en solo instantes
Los cuales en realidad parecían ser excusas
De momentos en mi mente, delirantes,
De palabras en tus labios, inconclusas.
Por eso, ahora ya no valen las promesas
Y tiene que ser así, aunque la decisión no me conforta
Pues ya están las cartas puestas en la mesa
Y a estas alturas, el juego del amor no nos soporta,
Y como todo lo que tuve por decirte ahora no importa
Descuida amor, ya no existirá otra sorpresa,
Porque la vida de cualquier culpa nos exhorta
Pues ella misma quebró nuestro destino, y ahora solo quedan pocas piezas.
Pues se nos ha agotado el tiempo sin saberlo
No nos queda nada de qué hablar, Porque ya no puede ser de día
Ni nada que se pueda perdonar, porque es muy tarde para hacerlo,
Y no podemos detener el tiempo, ni mucho menos devolverlo
Para que los dos advirtiésemos lo que venía,
Porque el precio a pagar por añorar el amor sin conocerlo
Es declarar por vencida la utopía.
Ahora ya no valen las fantasías que se hacían difusas
Porque solo nos quedan aquellas que se hacen las distantes,
Ni tampoco los “te quiero” que pronuncian nuestras bocas tan confusas,
Tan confusas Y tan frías, porque nunca hablaron antes,
Pues se nos pasó la vida en solo instantes
Los cuales en realidad parecían ser excusas
De momentos en mi mente, delirantes,
De palabras en tus labios, inconclusas.
Por eso, ahora ya no valen las promesas
Y tiene que ser así, aunque la decisión no me conforta
Pues ya están las cartas puestas en la mesa
Y a estas alturas, el juego del amor no nos soporta,
Y como todo lo que tuve por decirte ahora no importa
Descuida amor, ya no existirá otra sorpresa,
Porque la vida de cualquier culpa nos exhorta
Pues ella misma quebró nuestro destino, y ahora solo quedan pocas piezas.